Imagen de noticias de LAdeV

Ver todas las noticias


FERNANDO BOTERO

Es sin duda unos de los pintores (y escultores) con más renombre internacional en este momento, aunque sea polémico. El colombiano Fernando Botero -nacido en Medellín en 1932, 88 años cumplidos- se ha hecho famoso por sus “gordos” y “gordas”. Pero esa caracterización, aunque real, no deja de ser vaga. En España sobre todo a partir de los años 90 finales, cuando en muchas ciudades se expusieron sus esculturas, se ha hecho muy conocido. Madrid o Barcelona (y no sólo) tienen en sus calles más de una escultura de Botero, sólida, pesada y atractiva. Por alguna razón que se me escapa -y que acaso tiene que ver con la “nueva figuración” en la que se le suele encuadrar- Botero ha querido ver un mundo deformado (o exaltado) por la gordura, por el volumen, como si ello fuera la belleza, cuando en verdad casi nadie quiere estar grueso. Desde mujeres desnudas a niños redondos, pasando por manos más que carnosas o por ese conocido “Caballo de Troya”, que acaso sea de lo más realista. En Madrid -auspiciada por el Ayuntamiento- se expone hasta febrero en el espacio CentroCentro, una antológica de la pintura de Botero -67 lienzos, algunos grandes- no pocos de los cuales nunca habían salido de Colombia, donde hay un Museo Botero en su ciudad natal y una Fundación Botero en Bogotá, que gestiona el Banco de la República, y donde se expone la colección particular de Botero que ha regalado al Estado. Cuadros no muy grandes, pero de firmas como Matisse o Giacometti o De Chirico, que se ven raramente en América…

La retrospectiva grande de Botero tiene todos los sesgos cotidianos o peculiares del pintor, más una faceta poco conocida pero importante del artista: La recreación -en gordo- de cuadros muy célebres de la pintura universal, desde Rafael a Velázquez pasando por Van der Weyden. El resultado (muy minucioso) resulta singular y atractivo. Botero hizo su primera exposición individual en Bogotá en 1951. Luego vino a estudiar a la Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid en 1952 (donde estuvieron Goya o Dalí) , siguió luego a México y Nueva York, y retornó a Colombia como un artista mundialmente reconocido, con admiración o leve burla, pero inmensamente personal. Esta antológica, titulada “Botero: medio siglo de trayectoria” es realmente sorprendente y benignamente subversiva, porque Botero intenta y consigue hacer lindo o inquietante, lo que la mayoría desprecia: los orondos michelines incluso en el arte más clásico, como una Gioconda gruesa y de cuerpo entero que muestra galante una pierna: Una Gioconda cupletista. Fernando Botero no es una anécdota sino un pintor (y escultor) notablemente original que merece cuidada visita y una renovada y ancha lectura. Un papa renacentista como un niño gordo y con camauro, dice obviamente más que su apariencia sonreídora. Merece verse.


¿Te gustó la noticia?

¿Te gusta la página?