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Eugenio Noel: Viejos males de España.

(Este artículo sale en el suplemento literario de El Norte de Castilla).

Eugenio Noel. “Señoritos chulos, fenómenos, gitanos y flamencos”. Berenice, Madrid, 2014.  194 págs.

Eugenio Noel (1885-1936) que tomó su apellido literario de una temprana amante, MaríaNoel, fue un hombre singular que pasó de dejar colgados los estudios para cura –que le pagaba la duquesa de Sevillano, era de origen muy humilde- a vivir la bohemia madrileña de principios del XX hasta alistarse como voluntario en la penosa guerra de África en 1909, de donde sacaría su primer libro crítico –hubo muchas y notables críticas contra esa guerra- “Notas de un voluntario” aparecido en 1912.  A partir de ese momento y aunque nunca dejó de ser novelista, conferenciante y hombre curioso, con cierto antiguo aire bohemio que nunca perdió, Noel tomó el relevo de los regeneracionistas del 98 ( muy especialmente de Joaquín Costa) dedicándose con claro talante progresista y social a denunciar los males más profundos de España, los que la hacían                    –hablamos de 1915- un país empobrecido y atrasado, todavía. Para él esos males partían esencialmente de Andalucía –tierra a la que, de otra parte, no deja de piropear- y se centran en lo que dice el libro publicado en 1916 y sólo ahora republicado, pues es uno de los más contundentes –yaque no el único- en la crítica de esos males: “Señoritos chulos, fenómenos, gitanos y flamencos”. El “señorito chulo” es una institución (para Noel) catastrófica, ya que es un tipo con dinero, pero vago e inculto –como buena parte de la aristocracia-  que se divierte en las juergas flamencas, se enamora de gitanas de tronío y es un adorador literal –casi hasta una suerte de amor homoerótico inconsciente- de los “fenómenos” (la expresión sigue enuso) que son esos toreros que se tienen como fabulosos y sin igual en su arte, aunque el apoderado deba leerles los contratos, porque suelen ser analfabetos… Contra todo esto y su éxito popular por mor de la “gracia” –palabra clave de cierta vida española- clama Noel.

Parte de su libro (diría que la mejor) tiene un claro tono ensayístico que, acierte o no, es muy luminoso:  (Los gitanos) “ no se perdonan un error, una equivocación. Como engañan, lo que más odian es el engaño. Viven de la simulación y la castigan cruelmente.” Es fácil hallar páginas bellas y lúcidas sobre los temas que el libro trata y denuncia. Lo que, hoy, resulta más raro, es que el ensayo está salpicado de muchas escenas costumbristas, presentadas como verdaderas, que dan razón narrativa a lo expuesto. Así las andanzas del señorito “Bibi”. O la descripción tremenda de una fiesta con guitarra flamenca y cante hondo (para Noel otro espanto, casi incomprensible y salvaje) donde, como solía hacerse en los libros más naturalistas de la época, el autor transcribe el habla popular, con muchas deformaciones morfológicas, tal como suena o sonaba. Eso entonces era absoluta verdad pero el abusar de esos párrafos hoy parece resultar cansado. El pueblo puede resultar inculto, y seguramente lo es, pero gracias a los medios de comunicación de masas, las deformaciones lingüísticas son mucho menores que entonces. Hablo de fragmentos (bastantes) de esta laya: “Zé tié grasia o no ze tié y ná má.  A ezte niño e la tarántula le cura er médico y lo güelve er veneno a la dos horas…” No estamos ya habituados aunque se describa un uso tan obsoleto y “flamenco” como curar la picadura de tarántula haciendo tocar la guitarra ante el enfermo, porque decían que las tales arañas por debajo tienen como el diseño de una guitarra… Estamos dispuestos (creo) a dar la razón a Eugenio Noel en muchas cosas, pero ese exceso de frases  transcritas como eran, terminan abrumando algo, aunque tengan también mucho de testimonial.  ¿Era de veras tan terrible, oscura y atrasada aquella España? No en todas partes, pero en muchas sí; no en balde Noel era tan aclamado como perseguido. Unamuno le escribió apoyándole ydecía: “Dirán que está usted loco, pero ánimo y no ceje. Y no olvide que hay un batallón de solitarios tras de usted.”  ¿La España de hoy sigue siendo así? Evidentemente no, muchas cosas se han modernizado y mejorado y el fervor taurino ha sido muy ampliamente sustituido por el fervor futbolero. Pero ser “antitaurino” y en menor medida “antiflamenquista” siguen apelando a una modernidad que ve esos gustos (hoy diferentes) como cuna de males no curados del todo. En cualquier caso, repasar a Eugenio Noel sigue siendo un acto saludable. Sin olvidar alguna novela de abigarrada prosa como “Las siete cucas”, que tampoco lo sacó de pobre…


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