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DIEGO SAN JOSÉ: REPRESIÓN FRANQUISTA

(Este artículo se ha publicado en El Norte de Castilla)

Diego San José. “De cárcel en cárcel”. Edición de Juan A. Ríos Carratalá. Renacimiento, Sevilla. 377 págs.

Fue lo que suele llamarse un escritor menor. Acaso un “gran escritor menor”. Antes de la malhadada Guerra Civil (el autor la llama en algún lado “incivil”) Diego San José -1884/1962- madrileño bajito y de una familia burguesa, hombre educado y moderado, muy amigo de las letras en general y de los clásicos del Siglo de Oro en particular, fue un escritor popular y prolífico, que hizo versos al inicio -nunca lo dejó del todo- pero que destacó en el múltiple periodismo, la novela corta, en el teatro y la zarzuela , como letrista, géneros muy destacados en el favor popular de la hora. En 1914 publica su primera obra, los versos de “Libro de diversas trovas”, con prólogo de Manuel Machado y de ahí en adelante, cientos de artículos y los textos de “La Novela de Hoy” o “El Cuento semanal”, donde colaboró ampliamente. Nunca estuvo afiliado a ningún sindicato ni partido político, porque lo suyo eran las letras, con amigos como José Francés o Pedro de Répide, afamado cronista de la Villa y Corte. Al llegar la República en 1931, Diego la acoge con satisfacción y moderación, lejos de cualquier tipo de excesos y lamentando los que causaron los “rojos”. Colabora en la prensa que conocía y en 1938 hace una adaptación de “Fuenteovejuna” de Lope de Vega, que se representa en el Madrid sitiado. Escribir para prensa republicana y esa adaptación lopesca, serán los increíbles motivos de su detención al llegar la victoria de Franco, él que había creído -ingenuo- las palabras del Caudillo diciendo que quien no hubiera matado no tenía nada que temer. Diego San José lo creyó, permaneció en su puesto y eso le costó años de cárcel (a menudo en horribles condiciones) y acaso el fin de su prolífica carrera literaria. De penal en penal, primero condenado a muerte en un Régimen de veras brutal y luego a veinte años, que se quedaran en cinco,  pero en “libertad vigilada” no pudo ello valer el sufrimiento enorme de un hombre bueno, de su familia que nunca le abandonó, ni el horror de las escenas y “sacas” para fusilar que vio en tantas prisiones (especialmente en la de Porlier, en Madrid) cuando ve las últimas horas del aristócrata anarquista Antonio de Hoyos y Vinent o las horas previas al fusilamiento del bohemio y sonetista Pedro Luis de Gálvez.

Su última prisión fue en la isla de San Simón, en la ría de Vigo (la menos mala) y al final la de Pontevedra, más lóbrega. Como su familia le había seguido hasta el pueblo de Redondela, por estar cerca, allá quedará y morirá Diego San José, largos años en libertad vigilada. Sus entrañas se ríen y lloran de la tremenda crueldad del franquismo, siempre secundado por una feroz Iglesia católica. Y hablamos de un hombre todo moderación, lo que resalta más las más sucias y peores escenas de “De cárcel en cárcel”. Libro finalmente póstumo, aparecido solo en una corta edición coruñesa en 1988 y ahora, revisado y mejor, en Renacimiento. Un libro claro, limpio y estremecedor. Con notas tomadas en los años de prisión (y que logra burlar a los carceleros) lo escribe en Redondela tras salir de la cárcel. Pero no lo verá editado. Un documento muy bien escrito de alguien que, erróneamente, creyó en la bondad de los vencedores. Dibujos de su amigo Robledano y mucha pena.


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