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DE NUEVO LAMPEDUSA

He leído (o releído, mejor) la nueva versión que Anagrama ha sacado de los “Relatos” de Giuseppe Tomasi di Lampedusa (1896-1957) aunque de ese conjunto de textos curiosos -dos sin terminar- apenas otros dos son relatos, escritos después de “El Gatopardo”, esa gran novela que Lampedusa no vio publicada en vida.  Uno de esos relatos “La alegría y la ley” es poco notable, sin embargo, el otro y por fortuna más largo, “La Sirena” es una auténtica obra maestra. Lo he leído al menos tres veces en mi vida y en nada decae…  Lampedusa (isla italiana muy cercana a África y cuyo nombre viene de La Medusa) debió ser un hombre muy culto, algo triste, casado con una psicoanalista alemana de la que no tuvo hijos.  Gioacchino Lanza Tomasi, es su heredero e hijo adoptivo. Sólo en los escasos siete últimos años de su vida, Giuseppe se sintió escritor y maestro. Antes fue un viejo y algo avejentado aristócrata viajero, al que le gustaba escribir cartas. Un gran lector en varios idiomas, pero poco más. En realidad todo lo que se conserva de él, fragmentario en gran manera (como el inicio de unas memorias que abre estos imprecisamente llamados “Relatos”) no pasaría de una curiosidad ilustrada, si no fuera por sólo dos obras maravillosas -de curioso trasfondo autobiográfico y que ocurren en Sicilia-, evidentemente la novela “El Gatopardo” -terminada de escribir en 1956- los avatares de una familia noble durante Il Risorgimento, la caída de los Borbones  de Las Dos Sicilias y la llegada de la monarquía Saboya. Una novela espléndida que supera el calificativo de “histórica”, y el relato “La Sirena” (a veces titulado con el nombre de ella, Ligeia) y que es la historia de un sabio y raro helenista, Rosario La Ciura, muy prestigioso, que en su juventud sícula, tuvo amores con una sirena de verdad, un divino animal hermoso y sacro… Sólo ese relato merece lo demás, bien escrito. El final, “Los gatitos ciegos” no es más que el inicio de una novela que, de algún modo, sería una continuación de “El Gatopardo”, pero que se quedó apenas en el inicio… Un espléndido escritor tardío, y un aristócrata cultivado y peculiar. (Creo que Lampedusa nunca perdonó a los norteamericanos, que en un bombardeo Aliado sobre Sicilia, en 1943, aviones yanquis, destruyeran el viejo y bello palacio familiar de Palermo).  “La sirena” es imprescindible.


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