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CONSTITUCIÓN DE 1978: 40 AÑOS

La Constituciones duran según los períodos históricos y los cambios políticos que les toque vivir. 40 años de Constitución, que celebramos mañana, no es mala cifra, y más aún si se mira la cercana historia de España, con un mal siglo XIX, lleno de vaivenes y algaradas distintas- Como todo, la Constitución de 1978 se puede y se debe mejorar (se tiene que mejorar, de cara a la futura reina, sin ir más lejos) pero ha sido buena. Con exactitud la Constitución se aprobó el 31 de octubre de 1978 -día en que yo cumplía 27 años, mera anécdota- y entró plenamente en vigor el 29 de diciembre.  En ese tiempo todo temblaba positivamente de LIBERTAD, de ansias y deseos de libertad vista como libertad individual que se vuelve colectiva. España volvía a ser una plena Democracia. (El papel del Rey fue bueno entonces y más tarde, sus tropezones malos llegaron mucho después.) Pero había miedos también, sobre todo del famoso “ruido de sables”, porque los altos generales del Ejército -que debía ser modernizado- eran los antiguos vencedores de la Guerra Civil, poco amigos de una Constitución que volvía el franquismo puro pasado. Pero la gente (que ansiaba comprender el terrible drama de la Guerra Civil) también deseaba ardientemente pasar página. Seguir camino adelante, no estar siempre mirando atrás, que no siempre es bueno. Y la Constitución ayudó mucho a mirar hacia adelante. Adolfo Suárez, el líder de la centrista UCD, parecía el autor de todo y no lo era. Fue sólo una de las cabezas visibles y (digámoslo con todo respeto) no la más lúcida ni la mejor. A mi entender a Suárez se lo ha mitificado en exceso, a los que vivimos el momento nunca nos pareció tan genial. Felipe González, Fraga o Carrillo (con todas sus distancias) eran más inteligentes. Carrillo (con el italiano Berlinguer) firmó el eurocomunismo, un comunismo democrático y no soviético del que Podemos hoy tendría mucho que aprender. Todos aceptaron la Constitución, todos, y Carrillo fue el primer comunista que usó la bandera constitucional en sus mítines. El Estado de las Autonomías gustaba y no gustaba, pero se aceptó porque venía de la Constitución. Aunque dejara la puerta abierta a mentiras y disparates que hoy vemos ya claramente- Cuando murió el honorable Tarradellas (este sí, un digno presidente de la Generalitat, que sentiría vergüenza de Torra) Pujol vino a Madrid a pedirle a Suárez que devolviera a Cataluña el Estatuto de 1932 -infinitamente más moderado que el actual y que consagraba el bilingüismo- pero amparado en una mala lectura de la Constitución o simplemente en un mal momento, Suárez (que se equivocó ayudando a Pujol ya cuando el desorden financiero de Banca Catalana) le dio a Pujol, siempre mentiroso y doble, más de lo que Pujol esperaba y quería. Sí, arreglar las Autonomías, devolver prestigio al Gobierno Central sensato -sin negar las peculiaridades de  nadie- es otra de las cosas que se pueden lograr con una Constitución igual y nueva. La Constitución de EEUU no ha cambiado nunca desde su independencia, en la segunda mitad del siglo XVIII, pero hay cientos de enmiendas a la Constitución, es decir, es la misma pero muy renovada. Salvas muchas cosas, eso necesita nuestra Constitución de 1978. Pero -con sus defectos, malas lecturas, excesos o carencias- es una Constitución que debe ser celebrada. Por algo están contra ella las bárbaros de la izquierda radical y de la similar derecha. Celebremos la Constitución, que es un buen camino para mejorarla y equilibrar su balanza, no siempre exacta.


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