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CENTENARIOS: CAMILO JOSÉ CELA

(Este artículo se ha publicado en El Norte de Castilla)

Si pudiera decirse así a Camilo José Cela (1916-2002) le ha llegado pronto el centenario de su nacimiento, que fue el pasado 11 de mayo. Los “centenarios” parecen cumplir mejor su efecto de homenaje y recuerdo, cuando el protagonista es ya un ausente e incluso sufre relativo olvido. Sí, Cela lleva catorce años ausente, sobre todo de esa vida pública y de cierto relumbrón que tanto le gustaba para hacer alarde de un histrionismo, verdadero_visd_0000jpg01qucy algo impostado a la par. Pero Cela no es un olvidado –y no por el premio Nobel de 1989- y somos bastantes aún quienes lo hemos conocido, visto y tratado. Siempre recuerdo (porque me parece esencial) que en estricta intimidad, Camilo era un hombre educado y que hablaba de literatura y bien. Era un muy buen conocedor de la literatura española. El “problema” –que disfrutaba- venía con público o periodistas delante, porque en ese momento salía el Cela tremendón y tremendista, que gustaba de palabros rudos o de salidas de tono algo chuscas, como decir que era experto en absorber agua por el culo, y estar casi al borde de la demostración… Ese Cela irá 12444f40e19262fcfb8bb8b3da60546ddesapareciendo poco a poco salvo en contadas anécdotas, y también desaparecerá el hombre que hacía alarde de su poder (en la RAE, por ejemplo) donde tenía verdaderos servidores, como el poeta García Nieto, al que Cela ayudaba con su protección…

También desaparecerán –por el necesario filtro que la propia literatura hace- muchos de sus libros menores, a veces recopilaciones de artículos, naturales por lo demás en un hombre que prácticamente siempre vivió de la literatura. También sus conciliábulosCela en la época de su estancia en La Vecillaúltimos con Umbral que se declaraba “celista”, aunque se trate a la postre de escritores con más distancias que afinidades, incluso sabiendo que a Umbral también le gustaba la nota pública, discordante.  Se recuerda menos, que el joven Cela en Madrid –tras un año en un sanatorio antituberculoso de la sierra- asistió como oyente a las clases de literatura de Pedro Salinas, quien vio sus primeros versos, y por ahí trabó amistad (rota por la guerra) con María Zambrano o con Miguel Hernández. Cela tenía en 1936 su primer libro de versos, “Pisando la dudosa luz 4533743w-640x640x80del día”. Evidentemente luego se decantó por la prosa y por hacerse buen amigo del viejo Pío Baroja. Y tuvo suerte, porque su primera novela, muy dura, “La familia de Pascual Duarte” (1942) no sólo creó el tremendismo y escapó, no se sabe cómo, a la terrible censura del momento, sino que sobre todo será uno de sus textos mejores, clásicos, como después “La colmena”, “San Camilo 1936” o “Oficio de tinieblas 5”, que muestran la voluntad de cambio de un escritor  que buscaba innovar, incluso con riesgo, y no repetirse. Ese es, más menos, el Cela mayor, el que está muy notablemente en la literatura española de postguerra como clarola-colmenareferente. Tampoco hay que olvidar al Cela que investigaba, el autor del “Diccionario secreto”, incluso al fundador en Mallorca de una revista que fue señera, “Papeles de Son Armadans”. Cela fue mucho Cela, pese a su histrionismo. Pero ya digo, aún no está lejos, y el centenario le llegó algo pronto. No se podía hacer mucho, pues tuvo muchísimo.   tumblr_ncmu3fpc4e1rqpjpbo1_500


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