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Celebrando a Gustave Moreau

Permítaseme  comenzar por un recuerdo personal: desde que en los primeros años 70,yo que iba mucho a París, descubrí en el 14 rue de La Rochefoucauld -una callecita en cuesta- el Musée Gustave Moreau, que está en la que fue su casa; fascinado por aquella obra, que siempre he admirado mucho, en cada viaje hacía un hueco para pasar un rato con Moreau… El parisino Gustave Moreau (1826-1898) pertenecía a una familia burguesa que -cosa no frecuente- no le puso ningún impedimento para que se dedicara a la pintura. Naturalmentesu formación fue académica y literaria, y se completó con sendos viajes a Italia en 1857 y 1859. Moreau fue siempre un académico, pero pronto también un simbolista (sus cuadros quieren ser poesía) y más aún, porque el uso de la acuarela y de un colorido exquisito, le permite una línea distinta, voluptuosa, en claro anticipo a mucho de lo que será la pintura más moderna. Baste decir al respecto, que Moreau fue maestro de Matisse. Los poetas le buscaban y él a ellos, con su uso de la mitología y de un más que evidente decadentismo. El poeta cubano Julián del Casal (antes de la independencia de Cuba) se carteó con Moreau y escribió algunos sonetos espléndidos sobre sus cuadros, aunque sólo los viera en reproducción. Es cierto que la pintura académica tenía tendencia a cubrir a las mujeres y a destapar a los hombres, pero dada la creciente afición de nuestro autor por pintar jóvenes atractivos, idealizantes, casi platónicos, muchos suponen una acaso oculta o secreta homosexualidad en Moreau (es difícil interpretar de otro modo su “Centauro llevando al joven poeta muerto”)   aunque en realidad nada se sepa. Exteriormente, Moreau fue soltero pero llevó una vida muy regular. Es más, se conoce el nombre de una amante suya, Alexandrine Dureux, que falleció en 1890. El último cuadro en el que Gustave trabajaba antes de morir (con 71 años) es la famosa “Nave de los Argonautas”, llena de muchachos, que quedó sin acabar. Independientemente de cuál fuera su vida íntima o personal, Gustave Moreau es un pintor clave, fundamental en el “fin de siècle” y desde luego un hito muy importante en la celebración del cuerpo masculino en juventud, pleno de suntuosidades legendarias y de una decadencia que pedía (como hoy) un mundo más libre, más bello y distinto. ¡Gloria a Gustave Moreau!  En su estela escribió sin duda el gran Rubén Darío: “Así, llena de música la selva melancólica/ traduce por el son de la flauta bucólica/ lo que arde, lo que aspira, lo que ama, lo que besa.”


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