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CANCIÓN A ROBY NELSON (Bernardo Arias Trujillo)

Ya he hablado aquí mismo otras veces de un autor colombiano mucho tiempo olvidado o preterido en su propio país. Se trata de Bernardo Arias Trujillo (1903- 1938) notable narrador, a veces furibundo escritor o periodista político, pero sobre todo autor de una gran pionera novela de tema homosexual, «Por los caminos de Sodoma» (1932), publicada en Buenos Aires -donde Arias Trujillo trabajaba en la Embajada de Colombia, pero sin sueldo-  con el pseudónimo de «Sir Edgar Dixon», aunque parece que algunos (sobre todo en la propia Colombia) no dejaron de atribuírsela a él. En la edición colombiana de sus obras, editadas por su sobrino -cuatro tomos- y que compré y en gran medida leí en 2013, el poema «Canción a Roby Nelson» (de 1933) se publica como un apéndice de esa novela, con la que estrictamente no tiene nada que ver. La «Canción a Roby Nelson» es un atrevido poema postmodernista, donde se canta la relación, en el puerto de Buenos Aires, entre un hombre un tanto crápula, y un chaperito o golfillo de 14 años, hijo de emigrantes que probablemente lo han abandonado, muy guapo, y que alquila su cuerpo y vende cocaína y heroína en ese ámbito malevo. De ahí el repetido dístico -el poema consta de 20 estrofas no largas- «Yo te pido como antes solamente dos cosas:/ Un gramo de heroína y dos gramos de amor!». Amistades Particulares -la editorial gay queridamente minoritaria- acaba de editar la «Canción a Roby Nelson» como un libro, cada estrofa una página, muchos blancos -en este caso negros- y unos dibujos de Joaquín Sicart Bertran, buenos, aunque yo prefiera como  mejor el de portada. Hacen así una suerte de homenaje (no falta la nota informativa, al final) al peculiar, misántropo y solitario Bernardo Arias Trujillo, que escribió para los liberales, quería cambios políticos y morales en Colombia y tradujo en corta edición, la «Balada de la cárcel de Reading» de Óscar Wilde-1935- con buen prólogo, que compré -con la dedicatoria del traductor- en una librería de viejo de Bogotá en agosto de 2015.

Con una vida en la política y la diplomacia (esta un tanto fallida) y otra vida de la que casi nada sabemos, en la homosexualidad y la droga, Bernardo Arias Trujillo se suicidó en Manizales, donde también vivía su familia, en 1938, de una sobredosis de morfina. Pudo ser error de dosis, pero hoy se cree en la voluntariedad del acto, hablando de un hombre oscuro en sí e íntimamente desesperado. Publicó algún libro de ensayos, como el ameno «Diccionario de emociones» y su novela de más éxito, «Risaralda» (1935) sobre una comunidad de negros en esa ciudad colombiana. De esa novela existen muy bellas ediciones actuales en Colombia, alguna con espléndidas fotos.  El -llamémoslo así- «drama» literario de Arias Trujillo, no está en su calidad, siempre notable, sino en lo ya en aquellas fechas, algo anticuado de su estilo, pese a lo atrevido de los temas. La «Canción de Roby Nelson» es un gran poema postmodernista y con sones modernistas, en la época de Cocteau o de la ya escrita «Poeta en Nueva York» de Lorca, a quien Arias Trujillo conoció en la mala vida de Buenos Aires. Es decir, en pleno apogeo de lo «moderno», el colombiano escribe una buena novela decadente con bastantes ribetes de entresiglos y un poema (comparable a los de su compatriota Barba Jacob, algo anteriores) también lleno de sones modernistas, donde sólo el tema resulta atrevido, teniendo en cuenta que hacía no pocos años que los postmodernistas daban cuenta de la vida vulgar o sórdida, en libros como «La Musa del arroyo» (referido a mujeres, eso sí) del español Emilio Carrere, en 1909, o el argentino -admirado por Borges- Evaristo Carriego, con sus escenas de arrabal en «Misas herejes» (1908) o «La canción del barrio», póstuma, en 1913.  Se pueden multiplicar mucho los ejemplos. Ello nos dice que Arias Trujillo (no fue el único caso) es a la vez moderno y rompedor por sus temas y bueno pero claramente rezagado por su estética… Como fuere, la ahora homenajeada, «Canción de Roby Nelson» bien vale la pena.


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