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Bendito Francisco

(Este artículo se publica el viernes en los periódicos del grupo Promecal).

No soy católico. Por eso si alguien como yo no duda en llamar al nuevo papa “bendito”, y lo hace de corazón, es lógico pensar que el término debiera cobrar una relevancia especial, pues ni yo ni muchos como yo (católicos que desertamos de esa fe con escándalo) hubiésemos dado un calificativo tal a ninguno de los papas anteriores por muy “beatos” que sean. El papa Francisco parece de veras empeñado en renovar  e insuflar vida nueva en las muyrancias estructuras de la Iglesia católica. “Si quieres venir conmigo, vende cuanto tienes, dáselo a los pobres  y sígueme.” Ese Cristo es el que Francisco busca. El Cristo del Evangelio puro. El mismo que quiso Francisco de Asís, “il poverello d’Assisi” de quien ha tomado nombre. El humilde y alto autor de las “Florecillas”. Francisco (el papa) ha dicho que el capitalismo ensucia el mundo y ha instado a abandonar la obsesión por el sexto mandamiento señalando a esos supuestos  católicos que frecuentan la Iglesia con boato, se confiesan (si llega) de haber engañado a su señora, pero –como si nada- son capaces de dejar en la calle o de condenar a la pobreza a miles y miles de personas. Los católicos (o cristianos) que dañan inmisericordes a los demás, dañan a Cristo. Lo dice el papa Francisco –y muchos católicos de base-, pero ese no era, en absoluto, el rumbo de la Iglesia.

Contento porque Francisco quiera ser un real, caritativo discípulo de Cristo, me pregunto (obviamente) qué andarán pensando los jerarcas católicos y los grandes señores –o señoras- del poder que están lejos, lejísimos, de este evangelismo. El papa –aún sin señalar- ya los condena. Menos sexto mandamiento y más, mucha más caridad. Una revolución en la Iglesia apostólica y romana. Por eso debo seguir preguntándome, ¿le permitirán al papa Francisco seguir el camino iniciado? Claro él es el soberano pontífice y todos debieran acatar sus dictámenes, pero ya he leído que hay grupos de ultras católicos en su contra, quienes piensan que en el cónclave último no entró el Espíritu Santo –por más que pocos crean en eso- sino Luzbel disfrazado de paloma. ¿Estoy diciendo que al papa Francisco podría ocurrirle algo malo? Cuando murió Juan Pablo I –al mes de ser elegido papa- malas lenguas hablaron de envenenamiento. Nunca se sabría porque a un papa no se le puede hacer la autopsia, está prohibido. No, no pienso (no quiero) en nada concreto y macabro,pero sí en poderosos, muy poderosos grupos de presión interna que actuarían contra Francisco. Ojalá me equivoque, porque hace siglos que la Iglesia católica no rutila como hoy con Francisco. Bendito sea. A él sí puedo decirle “santidad”. Si pienso en otros, aplico el término al Dalai Lama…


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