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BANAL HALLOWEEN

En inglés antiguo era “All hallows even”, o sea la Noche de Todos los Santos. Y no era sino una más de las muchas celebraciones o ritos con que el Occidente cristiano (muy mezclado a ritos paganos) conmemora en estos días a los difuntos: La misa del “Dies Irae”, las calaveras mexicanas y otras golosinas macabras como nuestros «huesos de santo», las castañas, la visita floral a los cementerios o el “Tenorio” de Zorrilla… Todo ello (y mucho más) está en las diversas culturas de España y Europa. Disfrazarse de fantasma asesinado, parecer que te han clavado un cuchillo en la cabeza y chorrear sangre falsa, son vulgarizaciones del Halloween anglosajón para niños. Una fiesta de disfraces entre falso terror y alcohol genuino, donde los muertos apenas cuentan.

Halloween se nos ha colado como casi todo lo que viene del imperio de Tío Sam, a menudo vulgar y de la ralea peor. Pero esta vez no por moda rockera o hábito del gran capital, sino por vía discotequera y mercantil. Los dueños de las discotecas marchosas vieron, ya hace años, que Halloween era una fiesta más para el local y la peña: Más gasto, mayor ganancia. Más juergueteo por hortera y chapuza que resulte. Más guita. Sólo eso importa. No hay que estar en contra de lo foráneo. Habría que estar en contra de la tontería y la banalización. Vivimos una sociedad degradadora y pobre. ¡Ojo al canto!

 


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