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ARTURO GUTIÉRREZ PLAZA (POESÍA VENEZOLANA)

Muchos que conocen bien la poesía dicen que su mejor secreto (siempre que haya oficio y buena mano) se resume en “cantar y contar”. Algo lírico, que embalsama de aroma y una construcción que resplandece. Ambas cosas unidas. Eso se da -en muchos de sus poemas- en la antología de un poeta venezolano (mucho fuera de Venezuela, como tantos hoy desdichadamente) y que ha editado Visor: “El cangrejo ermitaño” de Arturo Gutiérrez Plaza, caraqueño de 1962. O sea 58 años. La poesía habla y al tiempo seduce con lo que queda en suspenso.  Es una antología temática, preparada por el propio poeta. “Retrato de una madre junto al mar” es el retrato -indirecto- de una madre que habla con el hijo ausente. “Hijo, me dijeron que volverías.”/ Y concluye: “Por favor, no tardes.” Pero el hijo está lejos y acaso ella ha muerto o va a morir  y sabe ya que la vida diluye todo, casi hasta ese sagrado, sacro amor…

La de Gutiérrez Plaza es una poesía “que se entiende”, dirían los más simples. Pero en sus mejores momentos tiene el esencial misterio. Como dice el teórico italiano Paolo Valesio, hay poesía que se quiere hermética y que el lector debe ir desentrañando mientras la lee. Y otra que se lee bellamente, con aparente facilidad, pero que le hace preguntarse al lector cautivo -ya leído y entendido el poema- qué quiere decir. Dónde está el secreto de su magia. No durante, sino después de la lectura. Arturo Gutiérrez Plaza: “El cangrejo ermitaño”.   

 


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