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Anti-Navidad (Nostalgia, denuesto y saludo)

Los años, la vida, la falsedad de tantas cosas y el descarado comercialismo de estas fiestas de Navidad, me han vuelto una persona totalmente contraria a ellas. No soy cristiano y por tanto no tengo nada que celebrar, pero podía predominar en mí (como en otros) el viejo espíritu pagano que estas fiestas tuvieron y que muchos aún viven hoy consciente o inconscientemente. Nadie sabe realmente cuando nació Jesucristo, pero los cristianos antiguos hicieron coincidir su nacimiento con las grandes fiestas de los dioses solares que se celebraban con el solsticio de invierno. En el Imperio Romano nuestra navidad coincidía con la importante fiesta del “Sol Invictus” y se superpusieron. Muy cerca estaban además las Saturnales y las Opales y todas ellas unían festividad, jolgorio e incluso una cierta trangresión de los roles sociales. Todo lo cual siempre me ha gustado. Pero el actual consumismo y la masificación hortera y casi absoluta también me hacen desertar de estos días, en su sentido católico (que no comparto) y en el pagano, que se ha deteriorado y abusado. Creo que sólo los niños pequeños -en su dulce credulidad- disfrutan de este mundo estropiciado. Cuando fui niño -diría que hace milenios- también disfruté ( y mucho) aquellas navidades españolas o mediterráneas sin apenas influjo del hoy omnipresente imaginario anglosajón. Mi Navidad -ahora sí uso mayuscula- fue la Navidad que empezaba con la cantilena de la lotería  -nunca antes-y terminaba con los Reyes Magos y aquella su víspera de tantos nervios por lo que te traerían, que mi abuela me llevaba invariablemente al cine, para distraerme un rato. La Navidad de la pandereta, las zambombas, los belenes con montañas de corcho y lindas figuritas de barro y el aguinaldo que se pedía en Nochebuena a amigos y vecinos, cuando estos eran aún amigos, y no seres impersonales, hoscos y a menudo ajenos (todos de todos) y maleducados. Yo disfruté de aquella remota Navidad de cena opipara, turrones y portal de Belén sin abetos ni lucecitas multicolores. El tiempo, la moda y las costumbres mataron esa Navidad y la actual ya no es la mía, ni la pagana, aunque la prefiera. De aquel recuerdo nacido en la Edad Media (aquella Navidad de los años 50 aún tenía algo medieval) guardo los villancicos de Juan del Encina y uno en especial que me gustaba, cuando estas fiestas tenían un sentido que masa y comercialismo romo han destruido: “No se la debe dormir/ la Noche santa/ no se la debe dormir…”

Yo quisiera hoy no sentirla ni verla  (que pase de mí esta fátua navidad) y que en un futuro mundo más humano y pagano ( si es que llega alguna vez ese otro mundo, tan necesario) otra fiesta del “Sol Invictus” nos hallara más cultos, más abiertos, con una nueva moral y una nueva política, más solidarios, más libres, más humanistas y más humanos. Como dijo Ovidio: “Fortunae cetera mando”. Más o menos: Dejo el resto a la Fortuna. Ave atque vale.


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