EL AMOR QUE OSÓ DECIR SU NOMBRE (GEORGES EEKHOUD)
(Este artículo se publicó en El Norte de Castilla)
Georges Eekhoud. “Escal-Vigor”. Trad. Carlos Sanrune. Amistades Particulares, Madrid, 2017.
Poco se suele decir (porque son obras mayoritariamente en francés) sobre la importancia que tuvo Bélgica, su literatura y pintura, en los movimientos decadentes y simbolistas del “fin de siècle”. Muchos autores de origen flamenco, escribieron lo mejor de su labor en francés y llegaron a tener un éxito muy notable: así Maeterlinck –que sería premio Nobel- Verhaeren o nuestro Georges Eekhoud (1854-1927) que sí escribió en neerlandés, pero sólo artículos de prensa y alguna novelita popular. Lo más notable de su obra –narrativa, sobre todo- está en francés como esta su acaso más singular novela, “Escal-Vigor” que se editó en 1899. Su novela más famosa fue “La nueva Cartago”-1888- que se tradujo al español antes de la guerra civil. Tiene otras obras de temas marginales o de gente de vida fácil –como “Les libertins d’Anvers”, los libertinos de Amberes de 1912- pero es en la por primera vez traducida “Escal-Vigor” donde el muy apuntado tema de las relaciones homosexuales, entre dos jóvenes de distinta condición social ( y el conde algo más mayor) cobran un halo de leyenda y se
expresan con notable claridad, ya que Henry de Kehlmark, el conde dueño del castillo de Escal-Vigor, dice claramente preferir el amor del joven campesino Guidon –tenido hasta ese momento por raro y vago- al de ninguna de las mujeres que lo pretenden, aunque con una (Blandine) llegará a tener fugaces relaciones, y ella será siempre una devota de su señor.
Escal-Vigor es un fuerte castillo que está al norte de una imaginaria isla llamada Smaragdis o la isla Esmeralda. La acción de la novela (con tramas y acciones secundarias contra el conde y lo que termina entendiéndose como sus “vicios”) ocurre en un lugar irreal – no sabemos si era otro modo de evitar la censura- de ambiente claramente medievalizante. Ello no sorprendería la lector avezado de la época, ya que el prerrafaelismo inglés había puesto de moda una Edad Media con mirada estética, y autores como William Morris –y otros más populares- habían escrito libros en utopías positivas o negativas, puramente mentales, como “Noticias de Ninguna Parte” (1890). Además se interesaron por el clima peculiar de viejas sagas nórdicas. Todo esto nutre y decora –si vale la expresión- la presente novela de Eekhoud dándole fácil pie, además, a otras libertades, pues todo sucede en un tiempo medio contemporáneo, medio inconcreto, que posibilita la supervivencia de ritos paganos
desenfrenados como el que finalmente cuesta la vida al bello Guidon, semejante al rito del despedazamiento de las bacantes o ménades. Porque Guidon y Henry terminan por morir (quizás otra concesión a la época represiva) pero no sin haber vivido su amor –que ya osa decir su nombre- con plenitud: “Llegará el momento en que proclamaré mi razón de ser ante todo el mundo…” Y entonces el conde Henry enumera algunos célebres amores entre hombres y muchachos, Shakespeare y William Herbert (el “lovely boy” de sus Sonetos), Miguel Ángel y Cavalieri, Adriano y Antinoo y escritos más cercanos como obras de Tennyson ,
Walt Whitman o el más pionero en lo contemporáneo, Edward Carpenter. Novela, pues, de plenitud y ansias de futuro, “Escal-Vigor” entre otras cosas el lugar que esconde ese celeste amor, es un noble relato, no falto de intrigas, sobre el amor gay que anhela vocear su normalidad. Oscar Wilde vivía aún, caído, cuando se publicó.
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