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ALFONSINA Y EL MAR

(Este artículo se publicó en El Mundo)

Con el título que lleva este artículo compuso Ariel Ramírez ( el autor de la Misa criolla) una celebérrima canción que se hizo eco y divulgó el mito de Alfonsina Storni. En efecto Alfonsina ( como Safo, en la mitología) se suicidó arrojándose al mar, a los 46 años ( en octubre de 1938) en la localidad balnearia de Mar del Plata, en Buenos Aires… Nace así –o se consolida, mejor- la imagen de una poetisa – palabra que  no le gustó a Alfonsina – romántica y postmodernista, desesperada y neurasténica, amante de los hombres y despechada sin  amor. Una poeta cuyos primeros libros ( los realmente postmodernistas, como El dulce daño de 1918) si bien aún no de crítica, tuvieron un gran éxito de público…

El primer mérito de esta estupenda   biografía  de  la  salvadoreña  Tania Pleitez ( fue docente en Barcelona ) es deslindar, muy pulcramente, lo que el mito de Alfonsina Storni – argentina, hija de emigrantes suizo-italianos, del cantón Ticino – tiene de  realidad y cuanto también de falso. Alfonsina tuvo una vida muy dura y se la ganó trabajando en cuantas cosas pudo ( al final y sobre todo, como maestra) y así, en tanto que muy lectora pero fundamental autodidacta, Alfonsina empezó a escribir bajo la seducción de Rubén Darío y del modernismo. Todos los primeros libros de Alfonsina ( el primero, de 1916, La inquietud del rosal, que detestaba) son claramente postmodernistas. Para los modernos de una época que ya se quería y tenía por moderna, la primera producción de Alfonsina (inclusive hasta el libro Ocre de 1925) es absolutamente postmodernista, y por tanto – aunque hoy la veamos ya desde otro ángulo, dada su calidad, sobre todo –anticuada.  Sin embargo ( y ahí está la contradicción) la propia Alfonsina, mujer absolutamente libre, reivindicadora y madre soltera autoasumida, fue una mujer tremendamente moderna  para su tiempo ( una pionera de los derechos y libertades de la mujer, empezando por la libertad sexual) que muchos incluso reprobaron por atrevida. Y justamente cuando en 1934 – con su penúltimo libro, Mundo de siete pozos – Alfonsina entra en la modernidad y se vuelve una poeta más honda y desesperada pero menos romántica, menos o nada postmodernista, no tiene tiempo ya – se diría – de variar su imagen pública.

Trabajadora, luchadora, libre, pero neurasténica como ella misma decía, es decir, mujer  de  sensibilidad  muy  herida  y  muy  a  flor de piel, la atrevida e ingeniosa Alfonsina tuvo un lado depresivo y tanático casi toda su vida, que estalló cuando se hizo incurable el cáncer de mama que sufría desde 1935. No hay duda que Alfonsina coqueteó siempre con el suicidio ( y en 1937 se había suicidado su  buen amigo el narrador Horacio Quiroga) pero el último empujón se lo dio el cáncer. Alfonsina Storni – una excelente poeta a la que hay que situar de nuevo – es una postmodernista que dejó de serlo y una romántica, con exceso de compromiso y de lucidez. En 1930 estuvo en Barcelona y en Madrid, y de su paso quedan dos elogiosos artículos de Josep Maria de Sagarra y de  César  González  Ruano, que  este libro ( aparentemente sin  pretensiones mayores, pero muy claro y bien hecho) recoge como documentos. Alfonsina, más que un mito. Aunque el mar existiera, por supuesto.

 

 


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