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Albert Camus, el intelectual futuro.(1913-2013)

(Este artículo se publica el miércoles en El Mundo, con motivo de los cien años del nacimiento de Camus)

.Cuando Albert Camus murió en un accidente de coche en enero de 1960, con 46 años,era un gran escritor (reciente Premio Nobel) y un intelectual debatido. Tras su paso por el existencialismo, rechazaba el avance comunista y la independencia de Argelia, donde había nacido. Para algunos era un intelectual involucionista o atrasado –frente a Sartre- pese a la calidad de algunas de sus novelas y obras de teatro.  Pero, en realidad, Camus –un tanto contra ese tiempo exacto- buscaba, como siempre lo había hecho, la libertad absoluta y mayor del individuo, anteponiendo como es razón, la libertad individual, los derechos individuales, a la libertad colectiva, pues esta resulta de la individual y no a la inversa. Hablamos de “derechos del hombre” y traducimos mal al decir “derechos humanos”.

Entre los siempre lúcidos y hermosos ensayos de Camus, ninguno mejor (a mi entender) que “El hombre rebelde” (1951) donde  avanza en el terreno de la libertad desde la rebelión a lo estatuido, porque todo debe discutirse y no hay otro dogma que la libertad misma. Curiosamente (no era voluntario) Camus venía a ser el gran heredero de AndréGide (que murió el año de la publicación de “El hombre rebelde”) porque Gide, desde su famosa “disponibilidad” a aceptarlo todo y discutirlo todo, fue el primero en denunciar el stalinismo. Gide (como creo haber demostrado en mi estudio editado en Cabaret Voltaire) es el primer gran intelectual moderno del siglo XX, y el primero que puede aceptar ejemplarmente el XXI. A parigual título, lo propio sucede con Camus,  por su insobornable afán de ser lúcido y libre e incluso desesperado. Mientras que, ahora, vemos a Sartre como un noble producto del siglo XX, ya pasado, sentimos, al contrario, que Gide y Camus, abiertos a todo, deseosos de toda libertad libre, son ejemplos de lo que debiera ser el futuro, aunque no estemos seguros de que llegue a serlo. ¿Y el asunto de la independencia de Argelia, que llegó en 1962? Camus creyó en la posibilidad, a lo mejor quimérica (otra cultura y otro continente) de que colonia y metrópolis se integraran y se pudiese ser francés y argelino. La sangre hablaba por él. Pero si ese tema aún puede debatirse –en la teoría- su calidad literaria nueva y su omnímodo afán de libertad, son su triunfo. Al fin, Camus no es el hermano menor de Sartre, sino (muy lejos) el hijo predilecto de André Gide.


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