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ADIÓS VERANO, ADIÓS

Ya sé, los más memoriosos (o nostálgicos) dirán enseguida que el título es el de una canción sesentera del “Dúo Dinámico”. Es verdad. Y hay más, el mismo dúo repitió el tema en otra canción que recuerdo de muy jovencito “Se acabó el verano”.  Se ve que el sentimiento no es nuevo… Pero ¿se puede hablar del fin del verano, el 22 de agosto, con días aún calurosos y a casi un mes del fin del verano estacional? Tienen razón, verano queda. Pero el 2 de septiembre comienza el nuevo curso político y social, con todos sus engorros que son infinitos, y volveremos con la crisis y con el Gobierno tan temido. Acabadas las vacaciones para la gran mayoría, el verano psicológico terminó de pleno, y lo que nos suele quedar es un síndrome de leve depresión postvacacional. Al cuerpo (y la mente) les cuesta volver a la rutina. Por lo demás hacia el 10 de septiembre comienza ese verano normalmente más tibio, de días más cortos y menos calor – se desea- entre otras cosas porque los rayos solares llegan a la tierra más inclinados y calientan menos. La luz  (fulgurante en julio) empieza lentamente a amarillear y se produce eso que llamamos “el sol del membrillo”.

Aunque ahora mismo no lo parezca (vivimos en un país de brusquedades) el verano empieza a terminar, aunque queden calores, normalmente breves. Dentro de apenas semana y media, estaremos la mayoría instalados –o haciendo por instalarnos- en un otoño mental que pronto será verdad. Los problemas postergados  reaparecerán de golpe como convocados por un hada maléfica. La lucha por la vida (más en estos tiempos agrios) volverá a agobiarnos o a darnos esperanzas bastante a lo lejos. El trabajo, los niños, el colegio, las compras de material escolar, la Universidad más cara –casi todo más caro- nos dirá, por si hiciera falta, que la vida cotidiana del ciudadano medio, se parece muy poco a unas vacaciones estivales, por modestas que hayan sido. De ahí el éxito de aquellas  viejas canciones del “Dúo Dinámico” o de las (creo percibir) marchitas “canciones del verano” de no hace mucho. Agobiados por el día a día, normalmente áspero, necesitamos recordar o repensar algunos momentos del verano, privilegiados, en los que refugiar nuestro temor y soledad. El adolescente escribirá correos electrónicos o SMSs al amor de unas noches, perdido (muy posiblemente) por la distancia o por la vida. El marido recordará que quería más a su mujer -o al revés- de lo que imaginaba, o soñará en la infidelidad ocasional, que ha podido cumplirse o no. Los recuerdos de las recientes vacaciones no son sólo recuerdos, tienen mucho de refugios antiatómicos, donde creemos que la dicha existe, y que como decía don Jorge Guillén “el mundo está bien hecho”. Todavía es septiembre, puede aún hacer cierto calor, pero los días más cortos y la sensación de atesorar esos recientes instantes bonitos  (en medio de la brega diaria) nos aseguran que el verano pasó. Las mañanas de playa y los paseítos vespertinos con la brisa… No tenemos la vida que queremos. El verano lo evidencia. Y tenemos la peor clase política de los muchos últimos años: egoístas, cortos, mentirosos, sin miras de Estado… Dan miedo. Casi todo da miedo en este mundo menos que regular cuando se empieza a acabar el verano, ese dulce paréntesis imperfecto.


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