Imagen de noticias de LAdeV

Ver todas las noticias


50 años de la muerte de Luis Cernuda.

El pasado 5 de noviembre hizo cincuenta años del fallecimiento, en el exilio, de Luis Cernuda, uno de nuestros grandes poetas del siglo. Cernuda murió en la casa de los Altolaguirre en Coyoacán, México DF, de un súbito ataque al corazón (aunque sabía que andaba delicado) cuando se disponía a tomar un baño. Tenía 61 años cumplidos en septiembre. Altolaguirre ya había muerto (en España, en accidente de auto, en 1959, con María Luisa, su segunda mujer) y por eso la casa grande de Coyoacán era de Concha Méndez -la primera mujer de Altolaguirre, siempre buena amiga de Cernuda- de sus hijos y nietos. A Cernuda -sabido su amor a la soledad- le dejaron un pabellón en el jardín donde lo hallaron muerto. Está enterrado en el cementerio-jardín de México DF. Es normal que no vuelva a España, porque (como en el muy distinto caso de Antonio Machado) la historia trágica, tan nuestra, lo quiso así. Pocas veces escribo un poema por encargo, pero este era un caso excepcional y lo hice, para el libro recién editado “Leve es la parte de la vida que, como dioses, rescatan los poetas… (Poemas para Luis Cernuda) Edición de Miguel Losada. Ediciones de la Revista Aurea y Ediciones Polibea, Madrid, 2013.  En mi poema, que sigue, se compara a Cernuda con el precioso pero idealizado dibujo que de él hizo Gregorio Prieto, que lo trató en Londres, aunque Cernuda nunca sintiera exceso de simpatía por el carácter muy otro de Gregorio.  El no transigir fue una de las grandes virtudes de Luis, que nunca le fue regalada.  Ahora -como con tantos muertos, y él lo dejó avisado- se lo quieren apropiar quienes nada tienen que ver con la pureza y la excelencia que LC encarnó. Quienes pactan y medran lo reclaman, a él, que nunca pactó ni medró.

LUIS  CERNUDA

He vuelto a ver el retrato de trazo fino que le hizo su no tan amigo

Gregorio Prieto, supongo que en Londres, hacia 1948, más o menos…

Sin duda es una obra bien hecha, la labor ágil de un atinado dibujante,

pero parece el retratado demasiado feliz, conforme en vivir, joven…

Quizá  bajo los rasgos de Cernuda, Gregorio Prieto se autorretrata.

¿Dónde está en el joven atildado del bigote la ira de Luis Cernuda,

su pesimismo, su intransigencia con cualquier mediocridad, su asco

lícito ante los poderes y los poderosos del mundo? ¿El Cernuda amante

de los muchachos, aquel que escribió –joven aún-  “No sé nada, no espero

nada. Y si aún pudiera esperar algo, sólo sería morir allí donde no hubiese

penetrado aún esta grotesca civilización que envanece a los hombres´”?

¿El Cernuda que detestó el propio ingenuo candor de Prieto, el que

comparó a la humanidad con una cucaracha que debía ser pisada,

el que no cedió ni ante comunistas ni ante burgueses y defendió casi

hasta el martirio, la necesidad del libre disentimiento y de la soledad

como el mejor aliado? ¿Dónde está en el bonito, fino retrato,

el parigual de Góngora, el antiespañol de corazón hispano, el terrible

intemperante contra los cabildeos todos, o el que no deseaba volver

a ese país –el nuestro- “que hoy regentea la canalla?  El duro, amado

Cernuda, el que consuela con fuego, no está en ese retrato  dulzón,

con la corbata bien puesta. Cernuda es la santa indignación de una

alta patria mancillada, la fe en la belleza transgresora, el desprecio

hacia todos los sinvergüenzas que pactan. Aunque entre pocos Cernuda

fuera encantador ( como tú o como yo) sólo el irascible cuenta,

el poeta exquisito y puro que únicamente pactó, únicamente, con su

Demonio hermoso. Aunque las líneas fueran exactas, casi perfectas.

(“Una chispa de aquellos placeres / brilla en la hora vengativa/

Su fulgor puede –debe, añado- destruir vuestro mundo.”)

 

 

 


¿Te gustó la noticia?

¿Te gusta la página?