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Satélite del amor

de El viaje a Bizancio

Es hermoso y sagrado el reino de la noche, lo pueblan suaves seres que maquillan sus ojos y mezclan la tristeza con el sabor del júbilo. Seres agrestes para quienes el amor tiene todos los nombres del peligro. Las lámparas dejan su ámbar por la noche. La lluvia su dulzura. Los inmaduros cuerpos el delicado olor de su erotismo. Rugen las motos. Cada puerta es un viaje sin destino. Entonces tu cabello, como la piel suave de los hombros desnudos, abunda más en bronce, se abandona a los tactos. Son más dulces los labios. Más cálido de luna el río esbelto y bello de tus piernas. Somos de ese reino, donde como en Chuang-tsé, el filósofo, se mezcla sueño y vida. Donde amar es provocación y goce, y un cuerpo el misticismo.