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Relato, en enero, de un monje solitario

de Los gatos príncipes

Con la edad imaginas la muerte en el invierno: es todo de hielo y enormemente blanco. Más que frío de frío, en lo adentro está el frío, que ni duele ni calma, ni sosiega ni enerva... Los fantasmas visitan al que piensa en la muerte. Inconcretos fantasmas que son todos y nadie. Rostros conocidos, telas blancas, almas blancas, pero cuerpos sin nombre. Cuerpos blancos de frío y de ceniza. Tú estás en la ventana mirando el mundo muerto, blanco como el suspiro y frío, nieve y negro. Ves y no ves. Todo es oscuro y claro, estás solo y ves gente que está sola y te hablan y hablas, pero sin aire no hay voz, ni ruido ni ternura... Hay solo un alma blanca. Muerta entre frío y muertos.