Imagen de obra de LAdeV

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Habitación de un hotel casi vacío

de Los gatos príncipes

El poeta ha dado ya la vuelta a su casaca... ¿Quién es el poeta y qué percibe?. Su casa es fonda de deterioro y su corazón no da ya cobijo a las rosas ni a los ácaros, ni tampoco a los halcones. El poeta se deja crecer las uñas, como si fuese dable afilarlas -basalto u obsidiana- y se pregunta cómo es posible resistir, cómo es posible temblar y no perderse, en tanta mortal ansia, y sin embargo perdurar, sin rosas ni halcones. Sabe el poeta que el alma está sucia, como la esquina de todos los barrios y los ríos y el espacio... Chatarra anímica. Cotidianas hecatombes, matemática imposibilidad de ser feliz, y entonces el barco que busca el abismo y el timonel suicida y el final del final de lo cometas; pero la voz persevera y te pones de pie y sigues, sí, inexplicablemente, continuas...¿Dónde está el poeta?. Donde se borra la vida y empieza el declive. Ahí. Raspado. Penumbroso. Donde el búho y el gato arcaico y la voz escapándose... Donde el terror, la mentira y la belleza. Ahí. Donde todo quisiera ser huída. No creo en nada ni en nadie, amiguito. Me defiendo. Tan sólo me defiendo. Y sueño en Platón y me defiendo. Ya ves, como al principio...