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Hécate divina

de Los gatos príncipes

Es un sueño. Y en el sueño (que es despertar abrupto) hay un amigo antiguo, ahora ilustre, con gran batón barroco en barcas que figuran el río del adiós o del olvido... Ese amigo ha traicionado la moral que quiso. Ha traicionado, en el altar del sol, los fuegos de la luna que quisimos, fuegos fríos de dioses antinormativos, dioses del no, del nunca, dioses rebeldes, vivos... ¿No fue nunca mi amigo en su verdad lunar? ¿Fue sólo ocasional su luna? ¿O es la traición -incluso la más simple- corrientísima moneda de la vida?. Éramos, no somos. Sólo un trecho caminamos con alguien. El camino, frecuentemente, se hace sólo, y cambian, mudan las fugaces y dulces compañías... ¿Traición o imposible? Yo no sé si existe la amistad y muchas veces dudo del camino y la meta... Pero nunca he dudado de la luna y la noche. De sus dioses salvajes, rebeldes, juveniles... (Incluso cuando no sabía). Sólo he querido la ley contra la Ley. Sólo he querido rehacer el mundo. Sólo la radical desobediencia. (Pese al río que pasa y que es constante olvido).