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Crisis última en el Imperio

de Los gatos príncipes

(Homenaje a William S. Burroughs)   Me dijo que podía darme noticias, si esa palabra aún significaba algo: Nueva York, desde luego, había desaparecido, y millones de personas muerto catastróficamente, echadas al camino, en las inmensas tormentas polares que se incrementaban desde el sur de Siberia... Las redes de comunicación eran prácticamente inservibles - apenas había vuelos regulares o autopistas en uso - Y el orden - o el desorden - pertenecía a los Señores de la Guerra... Estábamos en una aldea del sur marroquí, donde nada parecía suceder, aunque la gente estaba aterrorizada, sin correo, ni autobuses ni televisión. Me dijo que seguiría hacia el este y que, quizás, pudiera yo acompañarle. Te pueden matar fácilmente, y tú puedes matar, tendrás que hacerlo... Morir es menos extraordinario que nunca, con cientos de laboratorios biológicos en llamas, pero, a cambio, pasase lo que pasara en un mundo terrible donde la impotencia había destruido la vitalidad (tal dijo) y el resultado era este apocalipsis de venganza o este preludio a un tiempo nuevo o al vacío finalmente alcanzado entre crímenes, epidemias y tormenta, lo cierto era, contra toda esperanza, que ahora sí éramos realmente libres y (ya que no supimos organizar la libertad) ahora, al menos, frenética y terriblemente, al menos, un corto tiempo, podríamos vivirla... ¿Peligroso?. ¿Cuándo no fue peligroso ser libre?.