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La mayoría moral, intachable y serena

de Asuntos de delirio

(Manuel Ramos Otero)   Usted comprenderá: yo nunca fui de los suyos. He podido reír en una cena, aceptar un convite, simular que estaba de acuerdo con el modo eficaz en que han ido cuadriculando el mundo... Ellos llaman Orden a su vida, y se ponen palmas, insignias, construyen colegios, iglesias, miran con respeto a las alturas jerárquicas, emulan, engañan, se perdonan, bendicen... Nunca fui de los suyos, pese a cierta apariencia. * * * Pertenezco a las afueras, al margen, a la vida ágil y sucia que se escapa de su red de soga. En lo que a ellos les duele y asusta yo hallé la bondad. Mi corazón está lejos y está lejos mi alma. Mi camino se ha forjado en lo oscuro. Perdonaban mi pasión y su belleza. Si no exagerábamos, si no nos excedíamos, estaban dispuestos a tolerarlos, liberales. La hermosura de los muchachos les ofende. Les irrita otra pasión, porque en la red ven un roto grande, y les grita el vértigo. Somos una espada sobre su cabeza. Pirados, vividores, alevines de nada. Hombres y muchachos en un extraño nudo. * * * Nunca fui de los suyos. Los odio. Los detesto. Su vida levanta comandancia y estados. Su vida es un cuarto de estar con aduana. Jamás con ellos, aunque no esté seguro de mi sitio.