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La nobleza de la condición

de Desequilibrios

Todos - casi todos - esconden un puñal. Sólo esperan el momento mejor para clavarlo. En tanto, sonríen, saludan, ponen buena cara, pues algún gesto o cara hay que poner... Los perros de la envidia, los osos arrogantes, el orgullo como gigantes hormigas, la altivez espantosa, la ingente vanidad egomaníaca y en tiña como un pez enfermo, llenan ese cóctel que en apariencia es sólo batintín de palabras cordiales pero huecas. El puñal y la horda aguardan su momento. Cuando llegue, todo será carnicería y fango. Aplastados, heridos, humillados o rotos entre sí los altaneros hombres celebran su destino.