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Epílogo

de Las herejías privadas

Alguna vez lo ascendiste todo en exceso. (Y es bueno que muchas cosas sigan siempre elevadas...) Ahora no debieras, con similar error, bajarlo en demasía. La desdicha no es pobreza y una clase pulcra nunca rozó el lumpen. No te vistas con adornos contrarios. Hubo un barrio y existieron los años de 1950. Pero a ti te traían regalos los Magos de Oriente. Viviste - allá - un paraíso pequeño... Luego aprendiste, después, a caminar los palacios. No, no fuiste un rey. Tampoco un mendigo. Pero el daño es otra cosa, sí. El daño es un río más sucio y más hondo, pestilente... Sólo la sociedad está enferma.