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Ni memoria ni olvido

de Las herejías privadas

Yo quise olvidar, estoy seguro. Incluso aceleré tanto los caballos lujosos de mi vida que pude haber llegado más allá del olvido. Pero si hay arte en olvidar, cuando el recuerdo vuelve, no como nostalgia sino cual boca viva, también ha de haber arte en no sucumbir a esa trepidación de odio, tristeza y futuro que es el recuerdo no deseado, aquel garfio que resultó, a la postre, más potente que la fantasía. Quise olvidar. Quise tapar al niño negro que fui, a esas tardes tan tristes, a los días violentos, al extraño odio de unos camaradas de piedra... Quise habitar un palacio de olvido. Y no pude. Afortunadamente, dioses, no he podido. Pues si es un arte olvidar, también lo es (y terrible) volver virgen a morder aquella fruta podrida.