Imagen de obra de LAdeV

Volver


Madrugada en Madrid, agosto, 1990

de Marginados

Gran Vía noche arriba, florece la heroína en traje negro. En las miradas sientes agujas sucias, pensiones de miseria, ojos buscando no sabrías si tumba u otro cuerpo. Tanta delgadez lunar florece en la Gran Vía, tanto temblor de manos, tanta ruina de infección y hambruna, manchas cutáneas, acaso, sidosos fantasmas que murieron, temor a casi todo, mientras la leche cae del tetrabric abierto, como ese último sueño de aferrarse a una norma... Escuchas pillar algo. Hay un dolor tan denso subiendo la Gran Vía, la enfermedad vagando, aliada del sexo, y aquel muchacho en pantalones cortos, sucios, la chica revestida de huesos esqueléticos, dirías silicóticos peones gaseados. La Gran Vía nocturna es un hondo pasillo de antracita, y hay cuartos por detrás de agonizantes solos, sollozos y rateros. Bajo las casas nobles de principio de siglo -polvorientas- africanos y yonquis, navajas, viejas putas, jovencitos oscuros, jeringuillas, travestís y camellos cantan la gloria opaca, la cochambre sin letra de este fin de milenio macilento