Imagen de obra de LAdeV

Volver


Tigre

de Marginados

Dos o tres veces al día le había visto temblando al pedir una copa; con los ojos idos, otras, como quien bebió en exceso. La delgadez era más cada día, algunos ostentosa. Se sentó en mi mesa, aquella noche y dijo: ¿Te acuerdas cuando pinchaba discos? ¿Te acuerdas? He tenido a las mejores tías, de veras, pero ahora ando dando bandazos. ¿Me puedes pasar tres libras? Siempre me has caído de puta madre. Te lo juro. Y a rachas era alegre y a ratos taciturno, con sortijas rockeras, y un paso por el bar vacilante y extraño, sin perder del todo el aire que hace amigos. Vestía con vaqueros, y la cara -sus marcas- decían que ya no era el chico guapo aquel, con el pelo muy largo, que triunfaba de pincha hacia el ochenta y cinco. No se porqué lo digo. Ocho años llevo metido en el caballo. No sé porque lo cuento. Me has caído siempre de puta madre. ¿Y qué sé yo qué hace uno? Eliges, ¿sabes? El caballo es eso, una forma de vida.