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Torturado por las rosas

de Como a lugar extraño

Siempre he sido sensible a la belleza clásica, y está bien que así sea. Si va unida (como en ti) a puntos de perfecto arrebato, a un calor acuático y muy puro, a un ruboroso carmín que la excede, sin inmutarla un ápice ¿cómo no glorificarse el gusto? Y si el filo de un sable asoma entre la seda -asimismo- y con delicada crueldad piensas provocar la lágrima; si por más exacto amor (o más sano) niegas -pero en la cama- el favor que anticipas, y al erótico balbucir y al afecto encendido, se sigue el hostil fervor, la mirada hecha piedra, una cauta violencia desdeñosa ¿he de sentir mayor placer por el jardín tan puro, por la especie perfecta de tu rosa, o agradecer en más esas gotas de sangre como gema en la nieve, y los ojos de sombra, y el verdear gatuno y negro que aún es hermoso? Mis amores han sido siempre de ese tipo (leí que decía Madame Girard). Del tipo de encender velas. Nunca podré amarte. Debiéramos acabar aquí. Llora, anda, llora. Yo no deseo hacerte daño. Estoy más atrapado de lo que piensas, ¿me oyes? No siento tu cuerpo. Te quiero, te quiero... No lo digas, (Retazos de una larga conversación -o psicodrama- que ocurría en un lecho, flotando las figuras sobre lienzo, uniéndose, desuniéndose, inquiriendo, palpándose, zozobrando, gustándose, hiriéndose, sin concluir un acto amoroso, que a veces -varias veces- pareció a punto de eclosión absoluta). Mas yo no estoy enamorado: Aunque el filo me dañe. Yo no quiero evitar tus amores distintos: No me encelan Yo no sueño clausurarte en una habitación meses enteros. No apetezco limitarte. Ni siento tu indecisión, ni temo tu desvío. ¿Entonces? ¿Por qué ese borde de lágrimas, y la verdad del dolor, y el deseo malherido como un pobre guerrero? ¿Por qué la mano extendida -que era cierta- y la súplica de nombre y voz, y la total delicia al fundirme en tu abrazo? ¿Por qué el placer, tan morboso, y el jazmín de la piel como un árbol inmenso, y la sed, la gigantesca sed al mirarte los ojos, por qué sin amor -o no- y tan fiero? Las definiciones no te precisan. (Aunque pueda intuir que no tienes futuro.) Pero siempre he sido sensible a la belleza clásica, y está bien que así sea. Simplemente. Como quien mete las manos en el vivo fuego, y sin dolor, observa el milagro, mas huele insistente a chamusquina.