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El verano

de Huir del invierno

Es obvio que no ignora su hermosura. Camina en la mañana, azul y rubio todo como un día de agosto, esbelto y largo como una tarde cálida, coronado de flores pasionarias, engendrando el deseo y encrespando la dicha. No va a ninguna parte bajo el sol matutino, entre mujeres sin manga que hacen compra, pasos de Corpus, y torres de gótico tardío, bruñidas de una luz radiante. Llévame, arrástrame contigo... (Eres un incendio en un mar verde palma, o el amor simplemente, con guirnaldas y ruidos. Pasión y belleza habitan en tus días, y arcángeles cantores circundan tu camino.) Llévame, arrástrame contigo... Ufano en la mañana, mientras tus ojos cantan y tu figura larga acicatea el ocio en plazuelas con fuente, palacio y bar antiguo... Y al volver ya la esquina, como una stravaganza de música barroca, te vuelves, me sonríes (sabes bien que he mirado) y me guiñas un ojo, dulce, feliz, provocativo...