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Andaluz

de Hymnica

No me di cuenta al principio, me fijé después porque le hablabas. Y se iba y volvía, llevando cosas, sonriéndote, con gracia desusada... Vi entonces sus bellos ojos negros, sobre la piel oscura, y la sonrisa, que mostraba los dientes como flores blancas. Y empecé a pensar: ¡Qué dulce aquello...! Y daba vueltas por ese cuerpo justo, oscuro, fino y joven: como silvestres cañas. Y oía la voz al responderte, alada, cantarina, inconsciente en su magia. Después, ya abajo, en la soleada plaza, pensé en los garzos ojos negros, y me vi enamorado de un acento del sur: Vivo, grácil, musical. Igual que quien hablaba.