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Un instante para Leonor de Aquitania

Inédito, 1969

Fue en los días
en que las sombras
podían aún llamarse sombras.
Una estancia en el castillo de Bermondsey
-Pasas como una mano enguantada
y ni siquiera advertimos
el brillo de tus sortijas.
Extraño corcel presentido siempre
y jamás visto.
Yo soy la reina,
pero mi reino es más triste
que la nieve que cubre las almenas
de Bermondsey.
Y los lobos se desgarran
unos a otros por
un pedazo de carne.
Extraña cosa es vivir,
cuando nada supera la sonrisa de la muerte.
Pasó aquel raro cortejo
y apenas me ha dejado recuerdo
de la danza.
Yo soy la reina,
pero aún puedo recordarte,
Bernard de Ventadour,
cabalgando por los suaves alcores
de Provenza.
Mis labios eran entonces hermosos
y en mi sangre goteaba
el cálido silencio
de las noches maravillosas de Antioquía,
triste ventura,
mi amor se derrama
sobre tu sueño
y acaricia el deseo
de un nuevo tiempo,
donde sople la vieja flauta
y el vino borre para siempre
las tristes brumas
de Bermondsey.
Pasó aquel raro cortejo
y ni siquiera me ha dejado
una rosa.

Han nacido ya los brotes nuevos.
Es la lluvia cálida de todas las Primaveras.
Sombra de teenagers.
Un claxon reclama en la noche la tardanza,
y ella sueña bajo el rubio sol de los vatios.
Brillo metálico en las aceras.

Suena en la ventana del apartamento
la voz rasgada del soul.
Lluvia de Primavera
bajo la luz alucinada de los cristales.
Beso de teenagers.

Extraña cosa es vivir.
Aún son visibles las sombras del cortejo
y mis manos han perdido
para siempre
el suave aroma de Provenza.