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Fantasmas

de Proyecto para excavar una villa romana en el páramo

A veces en el sueño y otras –no escasas- en los fugados rostros de la duermevela, venís solícitas a verme, imágenes adorables de quienes quise ( o quise querer) y no estáis ya conmigo. ¿Cómo es posible que pudiese vivir sin vosotras? Contigo, Rosa, quisiera hablar de nuevo y notar el brillo de tu genio, tan benévolo a mi lado… De ti, Carmen, quisiera otra vez tu ternura, como cuando miro de nuevo tus manos delgadas y pálidas, benignas como el ser profundo, delicadas como la caridad que prescinde de atributos. De ti, Óscar, busco la perfecta belleza al viento de la tarde, afirmando –muda- que puede ser loable el mundo. Que es tangible lo divino… Sentir que sólo retengo retazos de vuestra precisión es una pena honda y un íntimo deseo de infinito. Cuando creemos que todos ( o casi todos) nos han abandonado, porque traición y miseria son las palabras más común y desdichadamente humanas ¿cómo no volverse hacia vuestra limpia verdad hacia el tesoro de vuestros sentidos que el tiempo (voraz o civil) han limpiado de impureza… Dulces seres puros, yo no os temo, nunca os he temido. Os deseo, al contrario, como el sólo momento en que me sé acompañado y querido. En el lodazal y el albañal de este turbio universo, vosotras, benditas imágenes fugaces, seres perdidos y amados, seres llenos de paz y magnificencia, sois para mi casi la única serenidad, casi la sola razón para seguir la salvaje selva. Cuando todo se vuelve tan hostil, cuando los seres humanos son hilachas de hórrida miseria, sólo vosotras, evanescentes y claras imágenes de bondad, justificáis la vida, la mirada adelante, el horror a la codicia. Imágenes de nobles seres idos, amigos los más puros, maravillosos cendales, viento en manos y labios, que aún (aún, pese a tanto) me mantenéis erguido.