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Luis Antonio de Villena. El Príncipe Valiente

por Leopoldo Alas

SHANGAY EXPRESS : ¿Qué es un bello tenebroso?

LUIS ANTONIO DE VILLENA : Lo cuento al final de la novela. Es una frase hecha en francés que se empezó a acuñar en el romanticismo para referirse a un personaje tipo Lord Byron, un joven atractivo, guapo, pero con algo turbulento y turbio, inquieto o inquietante, un poco maldito.

S.E : La historia del profesor Luis y el joven Alvaro es una historia gay entre dos personas conscientes y liberadas. Nada que ver con los gays que protagonizan Los chicos de la banda.

L.A.V : La obra de Mart Crowley se estrenó en abril de 1968, más de una año antes de los sucesos de Stonewall (junio del 69), en una época en la que los movimientos contraculturales empezaban a defender lo gay pero que todavía estaba lejísimos de ser lo que vino después. La obra fue muy novedosa en su tiempo pero se había quedado muy anticuada porque en aquel entonces había muchos elementos que, incluso a pesar del autor, hoy sonarían tremendamente homófobos, como cuando el supuesto heterosexual que llega a la fiesta insulta a una loca. En el original los insultos son muy duros y muy fuertes.

S. E : En esos personajes había una gran falta de autoestima.

L.A.V : Todos son en el fondo personajes traumatizados. En mi versión todo eso lo he quitado y en su lugar he inventado otras cosas, respetando la estructura, los personajes y la trama. He hecho una versión libre pero no deja de ser una versión.

S. E : ¿El conflicto sigue siendo el mismo?

L.A.V : Sí, sólo que suavizado. También podría producirse hoy. Es el cumpleaños de uno que recibe a sus amigos, todos gays. Uno de ellos le trae un regalo, un boy que trabaja en espectáculos. Se presenta un amigo hetero del dueño de la casa por aparente casualidad. Y eso genera un conflicto, aunque mucho menor. Algunos personajes son muy felices y lo que se ve, a través de un juego que hacen, es la tensión interna que tienen todos pero que no es debida a la homosexualidad, salvo quizá en un caso, sino a la vida misma.

S.E : También acaba de salir con una introducción tuya la novela de Alvaro Retana Las locas de postín (Odisea), que es precursora de lo gay en nuestro país.

L.A.V : Mucho. Había habido antes cosas gays en España, sobre todo ambiguas. En la estética fin de siglo hubo todo el culto al andrógino como un símbolo de la belleza perfecta, a la ambigüedad, libros que hablan sobre el adolescente maravilloso. Pero en esa idea de retratar la vida real de un grupo de gays que viven como tales, Retana fue un pionero. Se desmarca diciendo que él no tiene nada que ver con esa vida espantosa pero cuando lees la novela te das cuenta de que por supuesto tiene que ver, porque lo cuenta con total naturalidad, sin censura alguna. No se ve por ningún lado que a él eso le parezca mal, y era muy atrevido titular así una novela publicada en 1919.

S.E : En el prólogo se refiere a ella como "novela que hace el número uno de este género".

L.A.V : Que sepamos, es la primera novela de costumbres homosexuales. Realmente era muy atrevido. Y aún más porque saca a muchos personajes reales con el nombre cambiado. Por ejemplo, saca a dos evidentes que eran el novelista Antonio de Hoyos y Vinent y el figurista Pepito Zamora.

S. E : Incluso a Benavente, ¿no?

L.A.V : A Benavente le llama la Jacinta, pero como hablan también de doña Benita Pérez Galdós, que no era gay. Eso entra de su lenguaje, que lo ponen todo en femenino.

S.E : En su última novela, El bello tenebroso, muy coherente y también disidente respecto a la oficialidad gay, los protagonistas no son personajes del mundo gay.

L.A.V : Tengo tendencia a ser un poco disidente en todo. La oficialidad gay, siendo una opción que por supuesto respeto, no es la que prefiero. Me gusta explotar otros caminos. El profesor es un señor perfectamente consciente de que es gay, no tiene ningún problema en serlo, pero probablemente lo es de un modo que ahora está menos de moda: no va a bares, se mueve entre alumnos, un poco al viejo estilo pero en moderno. Y en cuanto al chico, cree que no es gay. Es un chico muy moderno que va con chicas y folla con cualquiera. Mi novela cuenta una historia de seducción. El chico es el que toma la iniciativa de seducir al profesor y lo hace para autoafirmarse. Es un tipo de chico que a mí siempre me ha resultado atractivo, aunque entiendo que tiene sus carencias. Tiene ese gesto romántico de rebeldía absoluta pero no sabe cómo ponerlo en práctica.

S.E : De tu novela se desprende que el drama es el mismo para todos: el drama del amor, de creérselo o no.

L.A.V : Te diré una cosa que no he dicho nunca en público. Yo creo que lo que nos pasa a muchos es que no nos han educado para el amor. Así de dramático. Muchos de mi generación venimos de la humillación, del silencio, de la exclusión. Nadie nos ha enseñado a amar. A los heterosexuales les enseñan que deben tener una novia, cómo deben comportarse con ella. Para bien o para mal, en su mundo hay un aprendizaje social de una conducta amorosa. En el mundo gay eso no existía. La mayoría de los gays de una cierta edad vamos con muletas porque no nos enseñaron. No sabemos amar, no entendemos la vida en pareja porque hemos vivido demasiado tiempo en un mundo marginal que había que ocultar. Algunos lo habrán llevado muy bien pero otros tenemos esa asignatura pendiente y me temo que nos quedará pendiente per secula seculorum.

S. E : Aunque es una asignatura pendiente para mucha otra gente, incluso los más jóvenes.

L.A.V : Los jóvenes que hoy tienen veintitantos ya han nacido en un mundo mejor que el nuestro. Hoy día hay muchos chicos que pueden llevar a su casa su pareja y los padres lo ven todo y no pasa nada. En mi generación eso era imposible. Y entonces, claro, había esa propensión al sexo, pero era más difícil establecer una verdadera relación. Yo por lo menos lo noto en mí y en mucha gente. Me noto una especial incapacidad para la pareja. Y creo que es malo. He hecho esfuerzos por tratar de superar esa dificultad, ese déficit, pero todavía estoy esperando que alguien venga a salvarme.