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La educación no sentimental de Luis Antonio de Villena

por Luis Artigue

Dentro de ese género literario llamado memorias hay libros para curiosear, y libros para comprender. Y acaso la diferencia radique en el enfoque del texto -en cómo es la mirada que el autor proyecta sobre sí mismo- pues dicho enfoque habla ya del objetivo de lo escrito. Sí, los libros de memorias importantes, creemos, son aquellos cuya historia personal, aunque basada en un aquí y en un ahora, nos trata de explicar el mundo. Libros en los que las anécdotas no sustituyen sino que conviven con las reflexiones, las sensaciones, la ideología y la inteligencia conformando en conjunto la evolución de una conciencia y, de algún modo, la evolución de las conciencias.

Luis Antonio de Villena acaba de hacer su original aportación a este género literario al publicar "Patria y sexo" (Ed. Seix Barral), memorias parciales de adolescente y juventud mediante las cuales, sí, se puede hacer un seguimiento documentado y no exento de conclusiones sobre la construcción social de la masculinidad en este país. Asimismo su estilo sobrio, la inteligencia emocional de su prosa, su valentía y el tono empapado en cierta extrañeza radical provocan que este libro rompa con el tradicional concepto de memorias. De hecho aquí podemos encontrarnos lo mejor de los diarios (su detallismo preciso, implicado, anecdótico y vívido) y lo mejor de las memorias (su poder evocador, su visión global y diacrónica, las anécdotas ya emocionalizadas, la memoria histórica...)

Hemos denominado esta publicación como memorias parciales porque se centra sólo en dos episodios cruciales para la formación humana de nuestro autor. Primeramente nos habla de cuando, tras el fallecimiento de su padre y debido a su carácter tímido, su madre decide enviarle - "para que se haga un hombre" y "por su bien"- a un campamento de verano paramilitar y fascista de la OJE, la "sombra de la Falange". En ese verano está centrada la primera parte de este libro, la titulada "Filos del alba (memorias de un verano falangista)". Sí, en dicho campamento, donde todo es marcial y rotundo, se inicia nuestro autor y protagonista en la crueldad, que equivocadamente se asociaba entonces y se asocia a veces con lo masculino. Además empieza aquí a experimentar las decepciones de la amistad, y a identificar lo militar y lo clerical con el machismo al contemplar los rituales de de la Iglesia Preconciliar. También se da temprana cuenta de la necesidad de mantener su sexualidad naciente "bajo la lona de la tienda", esto es, en una esfera íntima para poder sobrevivir. En general se siente tan desubicado y triste como un exiliado. El balance, pues, resulta duro porque además todo lo vital era allí compartido y casi no tenía intimidad ni soledad. Del mismo modo en dicho campamento estaba casi siempre acompañado por dos primos suyos mayores que él, su particular "guardia pretoriana", pues se necesitaba la protección colectiva ya que juntos habían ingresado en algo así como una "milicia juvenil".

Pero como decíamos, en este libro hay un más allá de las anécdotas; de las memorias. A propósito de las reflexiones que le suscitan al autor la rememoración de ciertas vivencias resulta inevitable señalar como valor que este libro produce memoria histórica de forma gráfica y contundente, y posee además gran poder de identificación.

Aquel campamento sombrío, cruel, dominante, no emocional, "masculino" al parecer, es descrito y evocado como un acontecimiento personal e histórico, y como una metáfora de la formación inicial de todo el país en la masculinidad, en lo social y en cierto concepto del poder. El lector, instalado en su propia realidad y en su presente, se asomará a estas páginas como quien regresa a donde todo empieza y, al hacerlo, lo entiende todo. Además esta parte termina con iluminadoras reflexiones sobre aquella educación y nuestra normalidad -"se es como todos o no se es"- contrastándolas con nuestra educación y nuestra normalidad.

La parte segunda se titular "Ternura y sables (recuerdos íntimos del servicio militar)" y es en la que Luis Antonio de Villena hace más gala de su demostrada habilidad para la ironía, y para señalar y sacar a la luz las contradicciones. Utilizando una prosa acaso algo menos documental nos enseña, al tiempo que narra, como la emoción no devalúa la inteligencia sino que la espolea y contagia. Sí, un joven universitario con look de señorito se presenta recomendado en un despacho de un militar influyente, el teniente coronel Vidal, consigue un "enchufe" y cambia así su suerte. De ese modo aquel recluta que leía a Leopardi a Propercio, que odiaba la disciplina y tenía ya en su biografía un precedente, diez años atrás, que le invitaba a sentir miedo ante lo que podía ser para él la "mili", se presenta temeroso en el cuartel de Pinar de Antequera. Pero, aunque todo será igual que en aquel verano militar de su adolescencia, todo parecerá distinto. Formación, limpieza, reglas, armas, maniobras... En esta etapa vital nuestro autor y protagonista recibirá su tan española lección inicial sobre los "enchufes", las recomendaciones y la existencia de clases. Además él tiene dinero y puede pagar para no tener que hacer el servicio de cocina -el cual odia- y es universitario, algo pijo, con buenos modos y mucha elocuencia que le da fama de filósofo, todo lo cual hace que no esté tan mal mirado como otros aunque provoque, claro, cierta envidia. Resulta dura y maquinal su mili, sí, pero se puede salir de vez en cuando del cuartel y eso llena de impulso vital a este recluta. Sale a cenar a Valladolid, vive y vuelve con aires renovados al cuartel, a su condena, para aprender "disciplina y reglas".

Dentro de esa institución, como cabía esperar, soporta la convivencia, mal en gimnasia y sobresaliente en teórica, incluso por encima del sargento instructor. Pero, como apunta el propio autor, "¿cómo no iba a ser el sexo una presencia fuerte entre tantos chicos sanos y jóvenes?". El punto de inflexión de esta segunda parte sucede cuando Pedro, otro recluta que confía en él por su reputación de intelectual, le dice que está tan cachondo que se irá de putas si no encuentra "a un canario que quiera...". ¿Qué por qué un canario?, acaso se pregunten ustedes. Pues para obtener la respuesta a esa pregunta es preciso leer el libro. Y es que entonces, nos dice el autor, en el cuartel el sexo era algo individual y muy sonoro por las noches, pero dual y diurno en las cabinas de los váteres... Toda esta segunda mitad del libro puede entenderse, sí, como una despedida de cierta parte de la soledad, como una iniciación al sexo y a la vida verdaderamente independiente y, de fondo, como un canto a la libertad y a la verdad.

He aquí, pues, las atrevidas memorias fragmentarias, llenas de reflexión y sentimiento, de un hombre cuya vida y cuya obra tratan de enseñarnos elocuentemente que la masculinidad no ha de ser una construcción colectiva y uniforme como la vestimenta de los soldados, sino algo personal y creativo, y que el sexo puede entenderse en libertad como un prodigio de la comunicación. Por eso quien ame la rebeldía inteligente, el placer liberador, la verdadera ideología y desee ver y construir un país más amplio dentro de un mundo mejor, hallará un agradable acomodo en el mensaje de este libro.