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Retratos (con flash) de Jaime Gil de Biedma

por Bernardo M. Briz

Gil de Biedma (1929-1990) fue uno de los grandes poetas de la segunda mitad del siglo XX, para algunos el mejor de su generación. Hace cosa de año y medio, Miguel Dalmau publicó una formidable biografía (curiosamente, la primera) sobre el poeta, persona compleja y fascinante, "un señorito de izquierdas y un hombre mundano, culto, inteligente e ingenioso", en palabras de Luis Antonio de Villena, que firma este breve pero brillante Retratos (con fash) de Jaime Gil de Biedma. El flash al que se refiere el título del libro es el que "enciende" el poliédrico escritor al rememorar no pocas noches de farra en su compañía durante los años 70 y 80. Villena se considera más un "privilegiado testigo" que un íntimo amigo de Jaime, aunque lo conoció y lo trató bastante, y estuvo "al lado de su intimidad muchas noches". En su bello prólogo, Ana María Moix señala que, después de su fallecimiento, a Gil de Biedma "le han aparecido amigos de debajo de las piedras" y a continuación elogia la actitud del autor, que califica como "una lección de elegancia". De su homosexualidad (y de que tenía sida) comenzó a hablarse públicamente cuando su cuerpo aún estaba caliente, aunque realmente era un secreto a voces. Moix dice de él que fue "un ejecutivo brillante durante el día" (era directivo de la Compañía de Tabacos de Filipinas) "y un loco de la vida a partir de las ocho de la noche" (le gustaba sumergirse en los bajos fondos de la prostitución, ya fuera en el Barrio Chino barcelonés o en sus frecuentes viajes a Extremo Oriente). Villena va desgranando sus recuerdos sobre ese "tenaz agotador de noches" de una manera que evita la linealidad y prescinde de lo jalones biográficos. Cuando lo conoció, a principios del 76, le pareció un hombre robusto y muy desenvuelto; con cierto aire de camionero ilustrado, diría alguien en otra ocasión. El autor de Moralidades tenía un "aura mundanal", y Villena coloca su cámara (y su flash nocturnal) con gran precisión para, a base de fragmentos, acabar componiendo un magnífico retrato del personaje. Dejemos que las últimas palabras sean las que cierran el prólogo: "Luis Antonio de Villena ha logrado hacer algo muy difícil: retratar al hombre, en toda su intimidad, hasta lo más profundo de su a veces inconfesada intimidad, y hacerlo con un enorme respeto. Yo creo que sí, que puede considerarse amigo de Jaime Gil de Biedma". De amigo a amigo, de poeta a poeta.