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Luis Antonio de Villena, La prosa del mundo

por Francisco Díaz de Castro

En la breve autoexégesis que cierra La prosa del mundo explica su autor que la elección del poema en prosa para este libro obedece a un “afán de cambio” respecto de los sonetos de Desequilibrios, su libro de 2004. Coincidiendo con el renovado cultivo del género en los últimos tiempos por muy distintos poetas (como testimonian las dos amplias antologías publicadas por DVD y Biblioteca Nueva en 2005), Luis Antonio de Villena ha desplegado una gran diversidad de ritmos, tonos y motivos en este extenso libro de casi un centenar de textos que buscan ser “canto y cuento” y que, en última instancia, pueden verse como un ahondamiento en la continuada búsqueda poética de su autor, particularmente intensa y diversa en su lírica desde Marginados (1993).

Villena ya había utilizado el poema en prosa en sus libros primeros Sublime solarium (1971) y El viaje a Bizancio (1976) con muy otros objetivos estéticos. Ahora dicho género viene a servir de vehículo plausible a esta panorámica del presente en la que el poeta trata de apresar “en voces varias y sones contrapuestos (historia, realidad, sueño, cotidianeidad, delirio) lo que la vida es hoy –y acaso ha sido siempre–: una mezcla desacorde de ruidos y melodías, de sones suaves y gritos estrepitosos, predominando lo injusto y lo cruel”.

La vida como “prosa del mundo”, de acuerdo con la cita de Hegel que sirve de epígrafe –y que recuerda también, en más de un aspecto, el libro homónimo (1971) de Merleau-Ponty–, se manifiesta aquí como síntesis de una experiencia de lo real que en sus muchos perfiles, en la mezcla de referentes culturales y de estampas de un presente en violentos claroscuros, en la polifonía del discurso, en la alternancia de elementos narrativos, de efectos diversos de voz hablada o de alusiones autobiográficas, se muestra como fruto de una voluntad totalizadora y, al mismo tiempo, como síntesis del mundo más genuinamente villeniano, ese mundo que el autor ha ido desplegando en toda su obra y que remite aquí a la diversidad expresiva de libros a su vez tan distintos entre sí como Asuntos de delirio (1996), Celebración del libertino (1998) o Las herejías privadas (2001). Como dice en “Épica”, dialogando con Hilda [Doolittle] a propósito de Pound: “Si la épica aún es posible (...) tendría que ser un gran saco de vagabundo, o mejor una gran olla podrida. (...) Leyendas y verdades, fábula y batallas, horror, delirio, fragmentos de conversación...”.

La curiosa ordenación del libro por orden alfabético de títulos sugiere un orden o ninguno: son textos que podrían leerse en este o en cualquier orden porque es la unidad dinámica de lo diverso lo que importa, la de una experiencia personal, a la vez gozosa y herida, hedonista, rebelde y melancólica. Pero aunque esta pluralidad de voces remite constantemente a la experiencia colectiva, no se descuida la reflexión autobiográfica que, más o menos expresamente, filtra y orienta cuanto compone el libro y que se abre a la alusión a ciertos motivos de la historia personal, como el protagonismo de la figura materna en algunos textos como “Familia” y, significativamente, en “Mamá”, cerrando el conjunto con un muy interesante sesgo emotivo.

Lo autobiográfico no es, sin embargo, el objetivo último del poeta, sino el eje en torno al cual se ordenan conciencia y opiniones, motivos culturalistas que abren dimensiones plurales en el libro mediante variadas intertextualidades y referencias literarias y artísticas, o, de manera relevante, esos otros personajes predilectos del autor que no podrían dejar de desfilar por este panorama: jóvenes cuerpos, viejos decadentes, mendigos, artistas frustrados, parados, inmigrantes, chaperos, estetas... todos cuantos extreman los rasgos de esta versión del presente que exalta el deseo y el erotismo en textos como “Oda” o “Interzona”, que, como en “Golondrinas” o “El cuarto mago”, no desdeña la elevación lírica pero que analiza la conciencia de la caducidad y del desengaño –“Decrepitud” o “Nocturno”– y reitera en otros como “Panfleto”, “Galileos” o “Dogma” la diatriba política y, más aún, la religiosa: “Todo lo vuelven negro. Sólo una Verdad hay, sólo un Poder, sólo una Fe. Y todo es suyo”.

Por lo que tiene de indagación formal y de minuciosa síntesis de su mundo literario, La prosa del mundo constituye, sin lugar a dudas, uno de los libros más importantes en la obra poética de Luis Antonio de Villena, además de una sugestiva aportación al renovado interés actual por el cultivo del poema en prosa en España.