VOLVER A JULIO CAMBA
Leí muy joven uno de los primeros libros del gallego Julio Camba (1884-1962) sin saber mucho de él. Era “Londres” de 1916, un libro que con esa prosa fina y sutil de Camba, no humorística, pero nunca falta de suave ironía, contaba lo que era ese Londres mítico a lo Sherlock Holmes, lleno de niebla, feísimos barrios populares, y el mundo chic de los clubs… Mendigos, fracs y monóculos en un ambiente ultracontaminado, aunque aún no se estilara la palabra. Fui luego sabiendo que Camba, natural de Villanueva de Arosa, de una familia de clase media (el padre era practicante) se escapó a los 14 años a Argentina y allá durante un tiempo se relacionó con círculos anarquistas. Cuando lo deportaron de vuelta a España, y concluyó en Madrid, siguió con esas veleidades anarquistas, que le llevaron a tener algún contacto con Mateo Morral, el anarquista que tiró una bomba a la comitiva regia el día de la boda de Alfonso XIII con Victoria Eugenia. Luego Camba -lentamente más conservador- irá diciendo que su relación pasada con Morral fue mínima.
La vida literaria (casi esencialmente periodística) de Camba se abre en 1908 cuando La Correspondencia de España lo envía un año como corresponsal a Turquía. Camba escribirá para varios periódicos, El Mundo, ABC -desde 1913 y ya toda su vida- y un tiempo (1917-1927) en El Sol. La obra de Camba será esencialmente la recopilación cuidada y ordenada alrededor de un tema de muchos de esos artículos. Por su amenidad, buena prosa y gracejo suave fue un periodista de éxito, de esos que además hacen literatura. Corresponsal en Londres, en París, en Berlín o en Nueva York, conoció muy bien las virtudes y defectos de los países de esas capitales. Raramente habla de política y sólo indirectamente de cultura, le interesa -con chispa y finura- el ser de la gente de cada país, sus estilos y modos de vida. Sus singularidades, sus diferencias, buenas o malas. Sus libros principales, muy reeditados y casi todos ya redescubiertos, son “La rana viajera” (1920), “Aventuras de una peseta” (1923) que acaba de reeditar Renacimiento con prólogo de Benítez Ariza, “Sobre casi nada” (1927), “La casa de Lúculo o el arte de comer” (1929), “La ciudad automática” (1934), sobre el Nueva York entonces más moderno. Claro que ese año publica también, “Haciendo República”, libro en que se distancia de lo que estaba siendo la República Española.
Camba terminará siendo un conservador tolerante y liberal, que se adapta al franquismo, porque lo prefiere (y eso no lo aleja tanto de algunos exilados) a la deriva comunista que la República parecía tomar. Aún publica algún otro libro después de la Guerra, como “Esto, lo otro y lo de más allá” (1945) o “Ni Fuh ni Fah” en 1957. Desde 1949, según cierto estilo elegante antiguo, Camba vivirá hasta su muerte en el Hotel Palace de Madrid, por eso alguien lo llamó “el prisionero de El Palace”. En 1951 había ganado el premio de periodismo Mariano de Cavia. Por supuesto no he nombrado todas sus obras. Baste añadir que el reeditado “Aventuras de una peseta” es uno de sus libros singulares -casi todo él escrito en 1920, aún con sabor a 1ª Guerra Mundial- en viajes por Alemania, Francia, Inglaterra, Italia y Portugal. El libro tiene chispa y un ligero, dúctil y muy buen hacer literario. Julio Camba es sin duda uno de los padres simpáticos y acaso melancólicos de nuestro mejor periodismo moderno. Un conservador sin pizca de moralina ni de carcundia… Como se ha dicho de otros autores, Julio Camba bien vale el viaje de su amena y petillante lectura.
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