Una tarde de 1978 (Poema inédito)
No sé qué pensarías hoy, Rafa. Hace muchos años que no nos
vemos. Sé que presides o asesoras grandes empresas y que te
mueves por hoteles magníficos, gestionando vuelos y pagarés…
Supongo que te resultará muy extraño (o acaso hasta te halague)
recordar que a tus veinte vitalísimos años fuiste mi amigo,
un amigo cercano, y que eras como buena parte de aquella
mejor juventud: soñabas con nuevas experiencias, nuevos libros,
viajes exóticos o iniciáticos, y todo lo pensabas como un modo
de llegar a ti mismo, de autorrealizarte, que era lo que contaba.
Amabas el riesgo, las noches largas, la grifa, amabas el amor
y tenías a gala repetir que chicas o chicos, qué más daba… Que
nadie llevábamos un carnet de identidad sexual. (¿Era esa tu frase?)
Una tarde – un verano que estaba siendo muy hermoso- llegó
un americano a casa y dijo (tras la comida y las copas) que le
gustaría hacerte fotos. ¿Querrías? Y entonces tú, Rafa,
adelantándote a lo que seguro vendría, respondiste sonriendo:
En pelotas, ¿no? Y te pusiste de pie y en un momento de quitaste
la camiseta y los “shorts”. Estar desnudo con naturalidad, como algo
esencialmente humano y libre, era otro credo de la época.
Y te sentaste para posar, sin afeitar, con el pelo revuelto, y luciendo
aquel espléndido cuerpo que sólo precisaba el cuidado de la vida.
Tenías algo de barba, pelo en el pubis y una suerte de maravilloso
desaliño, en el suelo, entre almohadones o fumándote un porro…
Nunca perdiste la sonrisa, ni el aire lúcido y fino de sobrevolar
la vida y la casa como un gran halcón en los cielos azules…
Hoy he vuelto a ver la foto y ( nostálgico) he pensado: ¿Le
gustará a Rafa todavía? Mantendré el enigma. Sólo quiero
decirte, mi amigo añorado, que en la foto desnudo y sonriente
eres la vida misma. La vida que todos quisimos, más libre,
más sabia, más pura, la vida maravillosa de aquel sueño
tal como la deseamos y tal y como, probablemente,
casi todos la habremos matado o perdido. Miro la foto, Rafa,
y nada lamento. Al contrario: Añoro. Lo hemos hecho
mal, nos equivocamos de camino y somos culpables todos.
Pero la foto desnuda brilla como la verdad de un teorema,
como el fuego de una flor viva. Es nuestro verano eterno, huido.
(Sólo una de estas fotos pertenece a la sesión aquella. El lector puede escoger. Al caso, no parece tener mucha importancia).
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