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«UNA JUVENTUD» (JACQUES D’ADELSWÄRD-FERSEN)

Aunque últimamente ha habido traducciones de tres novelas suyas y de un libro de poemas -en general en ediciones bastante minoritarias, como la que ahora comento- es cierto que el barón Jacques d’Adelswärd-Fersen (1880-1923) no es ya el raro y olvidado que fue en su nativa Francia incluso. Tampoco fue muy conocido en su vida de esteta millonario, escandaloso y decadente, que prácticamente editaba sus propios libros. Simbolista ya algo tardío, es su labor de pionero del tema homosexual con jóvenes y su autoexilio en Capri -donde falleció en una sobredosis de cocaína- lo que lo hicieron y aún hacen más notable. Bien que su obra no sea desdeñable. Pero en su vida sólo su amiga, la escritora decadente Rachilde, escribió siempre reseñas de sus libros en el “Mercure de France”, pues estaba casada con el director de la notable revista. Fue el siempre más erudito de lo que se cree Roger Peyrefitte, quien lo redescubrió en su novela de 1959, “El exilado de Capri”. La novela fue traducida muy pronto y bien al español, en Argentina, y en 1960. En el prólogo a esa obra, Jean Cocteau, gay y siempre brillante, califica a Fersen de “Eros áptero”. Un Eros sin alas que desea volar -hacia el arte, se entiende- pero no puede. Es verdad y lo así lo pareció, pero no tan extrema.

Fersen, hijo de millonarios alsacianos, dueños de importantes acerías, no necesitó trabajar para vivir muy bien. El apellido Fersen recuerda su parentesco lejano con el conde sueco, posible amante de María Antonieta. Su pasión sería el arte, la poesía, la escritura y los muchachos.  Esa última le causó un pronto problema en 1903 y en París, porque el barón Jacques buscaba muchachos lindos a la puerta de los institutos, y los llevaba a su lujoso piso de soltero donde hacían “tableaux vivants” (cuadros en vivo) a veces delante de la mejor sociedad. La policía lo detuvo por corrupción de menores y sólo abogados y dinero lo salvaron de la cárcel, pero no así de un fuerte escándalo mediático y de la pérdida de sus derechos civiles. Por eso el barón Jacques viajó casi dos años por el extremo oriente -se aficionó al opio, muy común por allá entonces- y terminó autoexilado en la muy permisiva, en esa época, isla de Capri (donde también se retiró el emperador Tiberio) y donde construyó la hoy restaurada Villa Lysis, en honor del homónimo diálogo de Platón, con la sentencia “Ad Amori et Dolori Sacrum”, es decir, consagrada al Amor y al Dolor, y desde luego a la Belleza. En Roma había conocido a un muchacho humilde y muy guapo al que llevó con él a Capri y lo educó. Por si acaso, Fersen se llevó al chico con el permiso de los padres, que verían un horizonte mejor para el muchacho. Retratado y esculpido, este Nino Cesarini sería el gran amor de Fersen -pero no el único- hasta que todo devino amistad y entonces Jacques (siempre junto a Nino) buscó un sustituto que fue Corrado Annicelli, muy cerca del final de su vida. En la villa Lysis había un cuarto decorado como fumadero de opio, con las pipas de jade -de un emperador chino- que Jacques había comprado en Shanghái.

Aunque Adelsward-Fersen ya publicó algo en 1898, su primer libro de versos es de 1901, “Chansons légères”  (Canciones ligeras). Publicó poemarios y novelas, destacando “El Himnario de Adonis” o “Nuestra Señora de los Mares Muertos” -sobre Venecia- ambos, versos y prosa, de 1902. De 1903 son “Los cortejos que pasaron” (poesía) y de 1905 la novela “Lord Lyllian” -ya traducida al español- que es una de sus obras más significativas. “El danzarín de las caricias” (también de 1905) o “El beso de Narciso” (1912) están entre sus libros de versos más notables, y “Una juventud” de 1907 o “Y el fuego se extinguió sobre el mar”, 1909  -traducidas también ya al español- destacan entre las novelas.  Lo cierto es que una obra abundante hasta 1910, va remitiendo en su producción, y casi desaparece después de 1913. Sólo en 1921 retorna con el último poemario de Fersen, “Hei Hsiang. El perfume negro”, en parte dedicado al opio.  Algunos dirán que la caída de la labor literaria de Fersen se debe a las drogas, mientras que otros la atribuirán a sus temas homoeróticos o la falta de público, que el barón notó con claridad. Millonario y lleno de caprichos y amantes, pudo sentirse -como vio Cocteau- un fracasado. La editorial Amistades Particulares (que ya sacó otras dos obras de Fersen) acaba de publicar la novela “Una juventud” en traducción de Augusto F. Prieto. Meritoria edición de escasa tirada. La novela cuenta la historia de un modelo siciliano y un pintor francés (trasuntos de Nino y de Jacques) que se aman bellamente hasta que, sorprendidos, la sociedad y el duro catolicismo de Italia -la novela es claramente anticatólica- culpabilizan ese amor y terminarán destruyendo a Nino, al que envían a un seminario de Verona, sin ninguna vocación. Surge así la culpabilidad que no había. Es el catolicismo -una vez más- el que destruye la feliz paganía. Aunque algo melodramática en algunos episodios, “Una juventud” es una novela más que curiosa, que quiere salvar el buen amor “que no se atreve a decir su nombre”, según el verso de Lord Alfred Douglas.

(A fuer de mera precisión y pues el prologuista parece desear ser erudito, debo decir con modestia, que mi amplia semblanza de Jacques d’Adelsward-Fersen, creo que la primera en España, apareció en mi libro “Biografía del fracaso” en 1997, Planeta. Se cita en el prólogo por la cuarta edición, de 2019.  Una pequeña diferencia de veintidós años.)   


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