Tres singulares pintores simbolistas.
La pintura simbolista en España fue, en general, algo tardía, pero tuvo entre muchosrepresentantes, tr
es muy singulares, tanto por el gran prestigio que tuvieron en vida, como por su recuperación difícil aunque lograda. Me refiero al canario Néstor Martín Fernández de la Torre (1887-1938), que firmó como “Néstor”, al catalán Hermenegildo –o Hermen- Anglada Camarasa (1871- 1959) y al andaluz, cordobés, Julio Romero de Torres (1874-1930), ensalzado y denostado a la par por tanto folclorismo como lo rodeó. Aunque no hay que olvidar que los tres pintores terminaron en un “tipismo” pictórico, que conoció cierta moda burguesa antes de la guerra civil, y mucha caída posterior…
Los tres comenzaron, muy parisinos, en el simbolismo poético de cuño más tradicional y se fueron decantando (hacia la “Belle-époque”) por motivos más personales. Como he dicho Néstor –que expuso en el Círculo Ecuestre de Barcelona en 1908 y que haría los decorados de “El amor brujo” de Falla en 1915- es el más singular de todos: Ahí está su fantástico retrato ensoñado y esnob “Epitalamio del duque Néstor”, sus varios “Sátiros de las Hespérides” o su serie de grandes cuadros “El poema del Océano” que se puede ver en su particular museo en Las Palmas de Gran Canaria. En la gran pintura de Néstor hay preciosismo barroco y hay también un trasfondo homoerótico bastante visible. Pero Néstor, después de tanto éxito internacional (los tres pintores triunfaron ampliamente en una Argentina entonces muy rica) concluyó diseñando el parador de Tejeda, en su isla, y muchos motivos canarios. Claro que Anglada Camarasa, también en su mejor momento de un cromatismo exuberante y cosmopolita, concluyó viviendo en Mallorca, en Pollensa, donde murió, y se dedicó a pintar multitud de motivos típicos mallorquines. Ese regionalismo final que hay en todos contribuyó a su depreciación posterior. También Romero de Torres tiene un hermoso simbolismo mitológico, como en los frescos con que cubrió el elitista Casino de Madrid, pero su gran hallazgo fue llevar los temas simbolistas –incluida “Salomé”- al mundo de la Andalucía profunda o gitana, con mujeres morenas de ojos profundos y ese mundo cruel o pasional de la copla, con amores traicionados, navajas y besos… Romero de Torres creó un estilo de mujer sureña que un dramaturgo
moderno ha llamado “la romeraca”. Pero, más allá del folclore o de los muchos retratos que hizo, hubo en él un gran pintor enormemente singular. Dalí admiraba su cuadro “¡Viva el pelo!” que muestra la belleza de un moño en una joven visto por detrás, es decir, sólo el pelo, tenso y brillante, no la cara. También Valle-Inclán fue un gran admirador de Romero de Torres, antes evidentemente que el folclorismo y los antiguos billetes de 100 pesetas lo hicieran tan popular y mal comprendido…
Es natural que también Dalí admirara a Néstor porque ningún otro pintor tuvo la exquisitez y la filigrana enjoyada del cuadro del “Poema del Océano” en el que dos angelotes cabalgan, entre olas bravas, a unos peces radiantes…Los tres merecen mucho la pena (hoy se cotizan ya muy en alto) y el folclorismo final de los dos primeros (con tanto lujo anterior) es muy olvidable.
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