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Decadencias

Tomás Segovia, océano que une y separa.

Conocí a Tomás Segovia, hace bastantes años, en México, con José Emilio Pacheco. Era un hombre cordial, aunque parecía ser serio o tímido. Entonces lo sentí muy mexicano. Sin embargo Pacheco me aseguró que los mexicanos lo veían más español… ¿Une el oceáno? Sí y no. Tomás Segovia (1927-2011) era español, valenciano, pero desde 1939 vivió exilado por la maldita guerra y su familia llegó a México en 1944. Conocedor del francés desde pequeño, tradujo mucha literatura francesa ( yo presenté en Madrid sus obras de Nerval)  y ese fue uno de sus modos de vida. Estaba muy unido a la cultura mexicana y realmente la España oficial lo ignoró o casi ignoró durante mucho tiempo. Cuando los españoles lo vimos ya aquí, de vuelta (aunque nunca volvió del todo, quizá por ello ha muerto en México) vimos la buscada españolidad de Tomás y su inevitable mexicanismo. Desde luego eso nada tiene que ver con la calidad y suave hondura de su poesía (aunque también escribió narraciones y ensayo) que pertenece a nuestro idioma de todos, y desde su primer libro de 1950 , “La luz provisional”, Tomás es un poeta hispánico y un poeta de categoría. Véanse su “Casa del nómada” (1994) o los “Sonetos votivos” (2008), entre otras obras. En Tomás Segovia hay altura lírica y eso es lo que vale, pero se lo sitúa mejor en las coordenadas mexicanas que en las españolas de la “Generación del 50” (que sería la suya) donde rarísimamente se lo ha nombrado. A lo mejor le gustaba a Tomás ese papel de puente o de nómada que personalmente aceptaba. Pero conocía también su relativa desubicación en su tierra natal…

¿Sería exagerado decir, cuando ya debemos ir superando ese espantoso trauma, que la dislocación de Tomás Segovia es uno de los últimos malos frutos del obligado exilio republicano? No creo que sea exagerar. Pienso que es decir lo cierto y hasta casi lo obvio, aunque no guste: Tomás Segovia, valenciano, fue un español de América porque su tierra natal lo echó fuera muchos, demasiados años. Y es posible que el propio Segovia tardara en volver porque se había formado en Francia y en México y acaso en lo íntimo dudara de cuánto tenía aún de español. A los lectores, a los amantes de la poesía, acaso su desubicación nos es indiferente porque lo sentimos nuestro en el idioma y en la calidad del verso. Sin duda. Pero ello no es óbice para que ese incómodo estar con una pierna en cada orilla atlántica, haya sido malo para Tomás porque le ha privado no poco de su patria. ¿O México era su verdadera patria? No donde naces, sino donde paces. ¿O en verdad su patria era la extensión y grandeza de la lengua española?

Se dirá que Tomás Segovia fue un poeta español y no se mentira. Pero el estudioso que quiera indagar hondo en su labor, tendrá que tener más en cuenta a Jaime Sabines, por ejemplo, que a Ángel González. Tomás Segovia, español, era culturalmente universal pero mexicano. Y eso no lo va a mover nadie. Porque no es un juicio de crítica literaria (que también) sino esencialmente una trágica resolución de la Historia de la que siempre debiéramos aprender. Tomás Segovia, en esta orilla, va a quedar como uno de los últimos flecos del exilio republicano, que acusa nuestra desunión y nuestra cívica incultura. No es bonito. Pero es puritita verdad.


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