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«SUBLIME SOLARIUM» (MI PRIMER LIBRO)

EL año que va a comenzar mi primer libro cumplirá 50 años. Aunque sus poemas más antiguos los tienen ya: «Sublime Solarium».

ÉXTASIS BARROCO-CULTURALISTA

Mi primer libro se publicó a principios septiembre de 1971. Me faltaban casi dos meses para cumplir 20 años. En la primavera de ese mismo año había salido la antología de Antonio Prieto “Espejo del amor y de la muerte”, una de las dos que pretendieron no corregir sino aumentar la nómina novísima de Castellet. La de Prieto (que era profesor mío en la Universidad de Literatura comparada hispano-italiana) llevó un bello texto liminar, casi un poema en prosa, de Vicente Aleixandre. La antología –y mi primer libro- salieron en la misma editorial y en la misma colección “Bezoar”, que como su nombre indica apostó unos años por la nueva poesía, en ediciones –para la época- francamente bonitas, casi lujosas. El patrocinio de Prieto y (más indirectamente) el de Aleixandre debió servir para que el editor nos dijera a los cinco antologados que nos publicaba un libro, si lo teníamos. Yo fui el primero en tenerlo, y el editor cumplió, aunque ello sí sin pagarme nada, y aún creo recordar sin hacer contrato. A un poeta que empieza, esas cosas (acaso erróneamente) le importan un bledo. Yo le entregué el libro a mediados de mayo, y como acabo de decir estaba listo a principios de septiembre, cuando tuve en mis manos –emocionado- ese libro tan extravagante con título en latín y en castellano. En español dice lo que dice, en latín medieval (el título procede de una crónica de Eulogio de Córdoba) significa “en la terraza más alta”.

En junio llegaron las pruebas de imprenta, que siempre me han llenado de pereza. Corregí algo y puse un poema nuevo. Como por entonces veía con frecuencia al poeta cordobés Manuel Álvarez Ortega, amigo de los “venecianos” y con quien hablábamos en el Café Gijón de poesía francesa, y Manuel me dijera que él era un experto en cuestiones de imprenta, le pedí que echara un vistazo a las pruebas de “Sublime Solarium”. Lo hizo y yo quedé tranquilo. Pero al ver el libro en septiembre, me horroricé: había ocho erratas. Conseguí que el editor añadiera una fe de erratas en los libros aún no distribuidos, que eran por fortuna la mayoría. Pero alguno debe andar por ahí sin fe de erratas…

Luis Alberto de Cuenca y yo éramos entonces amigos de a diario. Por eso le dediqué un poema en el libro. Y por eso él escribió (sin firmarlo) el texto que va en la contraportada. Cuando un año después él publicó su “Elsinore” en la misma colección, yo hice lo propio. Me citó en el prólogo, y escribí (también sin firmarlo) el texto de su contraportada. La editorial “Azur” –que también editó casi a la par que mi primer libro, una pequeña colección de relatos de Umbral, “Las vírgenes”- distribuía mal, sobre todo la poesía. Y eso siempre nos ha desesperado a los poetas. “Sublime Solarium” (barroco, esteticista, muy culturalista) fue bien comentado en el ámbito de la nueva poesía y me dio marchamo de poeta en su tiempo, pero las pocas críticas que tuvo fueron anodinas. Notas informativas, más bien. Sin embargo, cuando yo no esperaba ya nada y casi tenía terminado mi segundo libro, más de un año después de que el libro saliera a la calle, me llamó alguien de ABC para pedirme una foto. La necesitaban para ilustrar con un dibujo la encomiástica y espléndida crítica que de “Sublime Solarium” hizo –más de un año después de su aparición- un académico que entonces era una vaca sagrada de la crítica literaria, al que yo sólo de nombre conocía (le conocí años después en persona y en Melilla) y al que guardo alto reconocimiento: Guillermo Díaz-Plaja. La crítica de Don Guillermo era tan elogiosa, que los catedráticos de la Facultad (donde yo cursaba Románicas) vinieron casi a ponerse a mis pies: ¡Caramba, menuda crítica le ha hecho Díaz-Plaja –me dijo Joaquín de Entrambasaguas- intentaré hacerme con su libro! Naturalmente yo le respondí: No se preocupe don Joaquín. Mañana le traigo un ejemplar. Y así lo hice. No, nunca pude estar descontento de aquel mi primer libro extremoso.

(Vendo ahora dos ejemplares de aquella primera edición de aquel libro cincuentenario. 20 euros cada ejemplar, más gastos de envío. Interesados ponerse en contacto conmigo por facebook o correo electrónico. Gracias. 50 años nos miran.)

 


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