Imagen de artículos de LAdeV

Ver todos los artículos


Rubalcaba y yo

(Este artículo se publicó en lo periódicos de grupo Promecal de Castilla y León, el viernes 14 de Octubre)

No crean que soy el secretario secreto del candidato socialista al que apenas conozco oficialmente. Me lo presentaron una vez (hace años) en Moncloa y nos miramos como sabiendo pero sin que diera tiempo a decir…

El caso es que yo fui compañero de colegio (El Pilar de Madrid) de Pérez Rubalcaba, en el mismo año pero en clases distintas. Él hacía ciencias y yo  letras, pero le vi todos los días durante ocho años en los recreos. Él siempre andaba -y continúan siendo amigos- con Jaime Lisavetzsky. Comprenderán de dónde me viene esta falsa familiaridad: ocho años de recreos compartidos.

Confieso (no por el colegio, obviamente) que creo que Rubalcaba fue un buen Ministro del Interior y que no sería mal jefe de gobierno en medio de la galerna económica que nos zarandea. Lo normal es que los electores, a botepronto, castiguen en las urnas al partido en el poder como responsable de la crisis, aunque sepamos de sobra que no es así del todo. Manda Bruselas, sea el partido conservador el que gobierne (Portugal, Italia), sea socialista (Grecia). Sería una muestra de madurez política que el ganador propusiera -bajo su mando- un gobierno de concentración nacional, para no convertir la economía en arma política, algo no bueno para nadie, pero menos para la gente. O en su defecto, que las urnas le dieran al PP -según vaticinan su triunfo los sondeos- no mayoría absoluta sino relativa, porque llevaría mejor, pactando, el gobernalle. Creo que esto Rubalcaba lo entiende bien, porque su íntima apuesta (no es poco) sería esa mayoría relativa. Hablando el otro día con un exsecretario de Estado -hombre de veras liberal- de la época de Aznar, le dije algo de esto y me dio la razón. Un triunfo del PP por mayoría absoluta y teniendo que hacer los deberes de Bruselas (sí o sí, como dicen ahora) nos pondría ante un año de calles calientes, muchas movilizaciones y una rápida baja en la popularidad del gobierno nuevo. ¿Por qué? Porque en España los enfados sindicales y callejeros los paga la derecha mucho más que la izquierda. Méndez y Toxo están enfadados con Zapatero, pero es prójimo. Cuando se enfaden con Rajoy (vecino de enfrente) tendremos huelga un día y manifestación al otro. ¿No pactaron los alemanes al inicio de la crisis y les fue muy bien? ¿Por qué no copiar lo bueno y dejarnos de esa horrenda práctica que es la zancadilla nacional, o sea, fastidiar al otro? Estamos maduros para el camino más acorde. Me parece.


¿Te gustó el artículo?

¿Te gusta la página?