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Decadencias

Ricardo Defarges, otra voz del 50

No es que Ricardo Defarges (Barcelona, 1933, de padre francés) sea un desconocido. Publicó su primer libro, «El arbusto» en 1961, en la buena época de Adonais.Pero es un hombre que ha preferido la falta de notoriedad y el camino por los relativos márgenes. Ese epicureismo horaciano del «tecum habita», vive contigo, vive oculto, que Fray Luis de León y tantos clásicos alabaron y que hoy (en la cultura mediática y del arribismo, donde algunos pretenden triunfar aunque sea pisoteándolo todo) tanto cuesta entender… Es verdad que agente de cambio y bolsa y más tarde notario, gran viajero y hombre de ancha cultura, sin duda Defarges no ha necesitado la literatura para vivir , dicho mejor, pues para vivir la necesita, para subsistir. Ahora, enfermo, prácticamente inválido y sin apenas salir de su piso madrileño, un retirado y jubilado Defarges, escribe, lee, ve mucho cine, y ha escrito libros más sencillos que los anteriores pero llenos de buen hacer y de esa honda voz callada que es la suya…

Defarges ( con fama de temperamento dificil) es un hombre extremadamente sensible y refinado que también ha pretendido guardar el modo de su vida homoerótica, en el pudor que antes (por ejemplo) parecía pedirle su profesión y medio social. Su primera poesía -reconcentrada, refinada, intimista- fue publicada, con largo prólogo de Brines, en Insula con el título «Poesía. 1956-1973» en 1974. Luego sus poemas se han ido haciendo más claros y más largos, reflejando esa vida de viajes y cultura, pero sin perder ese tono de intimismo desvalido, sufriente, de alguien que siente en carne propia que el mundo no está bien hecho. Esa condición de sexualidad secreta le ha acercado a un gran poeta inglés, catedrático de latín, A.E. Housman (1859-1936), del que alguna vez ha escrito y traducido algunos poemas… Como este gran Housman, Defarges puede decir: «Tengo miedo y me siento extraño/ en un mundo que no he creado yo.»

La editorial Renacimiento de Sevilla ( que ha publicado los últimos libros de Defarges y que yo diría lo está cuidando y dando a reconocer ahora) acaba de publicar una muy completa y varia antología poética (1960-2011), hecha por el propio autor, y que recoge todos los registros de una obra lírica que es injusto, pese a la actitud del poeta, haber dejado de lado, hablo de «Este don a la muerte», que es también el título de uno de los poemas finales, relacionado con Tagore. Veremos otros poetas y escritores en los versos, desde Bernanos o Simenon, hasta Gil de Biedma (admirado amigo ocasional) o el magisterio, no sólo poético, también vital, de Luis Cernuda, pero «a cuenta de la noche», leeremos asimismo poemas intensos y silentes, donde la emoción brota pese a ser resguardada y sentimos que la vida debe ser vivida aunque tanto y tan mal engañe: «Pero es el cuerpo joven/ la fuente que más quema:/ manantial de la vida,/ olvido para el labio./ Amigo cuerpo,/ eres eterno engaño,/ y mis ojos te adoran/ para siempre, apagándose.» Hay mucha premonición de muerte y de recuerdos en el hombre encerrado en casa, pero mucha verdad y una fértil y suave belleza: «Lo que la pausa da, pronto lo pierdes,/ y guardas solamente/residencia en la casa,/ no en la tierra.» Y no hay en el poema remembranza de Neruda, aunque suene. Sin la singular poesía de Ricardo Defarges (que esta antología muestra suficiente) lo mejor del tan renombrado 50 no estaría al completo. Sin duda alguna.


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