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Renée Vivien: amor sororal

Renée Vivien. «Se me apareció una mujer…» Trad. Susana Cantero. El Cobre, Barcelona, 2006. 129 págs.

 Nacida norteamericana, Pauline Tarn (1877-1909) se educó y vivió buena parte de su tiempo en París, escribiendo con el pseudónimo de Renée Vivien. Mujer sensible, influida por la estética simbolista, es una de las primeras modernas en hablar abiertamente de lesbianismo y en querer recuperar una hermandad sáfica, a cuyo modo amatorio se refería como «amor sororal», probablemente para contraponerlo armónicamente al «amor de los camaradas» (masculino) de Whitman. Aunque es conocida, sobre todo como poeta -«La Venus de los ciegos», «Antorchas apagadas»- y por su propia vida sentimental, que ella vivió como fracaso (una de sus amantes murió) y muchos como escándalo, incluso en el París tan liberal de su época, dejó alguna obra en prosa, como la novela lírica que ahora se traduce por vez primera al español, y una edición bilingüe de los fragmentos de Safo, llamada en muchos de sus libros -y también en esta novela- «Psappha», transcripción que sorprende hoy a cualquier helenista.

     De clave absolutamente autobiográfica, aunque novela sin acción, plenamente lírica, como una sucesión de estampas y descripciones (puede recordar «El libro de Monelle» de Schwob o «Los alimentos terrestres» de Gide) «Se me apareció una mujer…» relata o celebra, en clave de leyenda, los amores de la protagonista por varias mujeres, una de las cuales muere (Ione), dominado el conjunto por la presencia dominante y esquiva de Lorély, que no es otra que la norteamericana multimillonaria radicada en París Natalie Clifford-Barney. «Miss» Barney (a quien Rémy de Gourmont apodó «La Amazona») creó en su entorno un auténtico círculo lésbico, con escritoras y damas francesas y norteamericanas transterradas, que transitó la Belle-époque, culminando en los años 20 y 30 del pasado siglo, más cerca de Djuna Barnes que de la ya extinta Vivien. ( Por eso es un error la portada de este libro, zapatos y medias femeninas muy años 20, cuando el clima del texto, lejos de eso, es resueltamente decadente y finisecular, como que se publicó en 1904)

«Como Afrodita, Lorély poseía mil almas y mil apariencias. Y yo la amaba a través de todas sus metamorfosis». Y es que la fría, voluble y hechicera Lorély es la verdadera protagonista de este libro lilialmente lésbico. Una Natalie Barney que amó a muchas mujeres, pero que no fue fiel a ninguna. De esa promiscuidad y de lo que la narradora hace para olvidarla y superarla, se nutre un bello relato/poema de otro tiempo, cuyo máximo valor hoy estriba en rescatar el ámbito sáfico brotado del orbe intelectual simbolista.


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