Decadencias
Recuerdo de José Donoso, poeta
Pero ¿no fue José Donoso (1924-1996) el chileno, uno de los autores del “boom” y de esa novela tremenda que es “El obsceno pájaro de la noche”? ¿O de ese juego con la literatura galante española que fue “La misteriosa desaparición de la marquesita de Loria”? Sí, hablamos del mismo por supuesto, pero pocos sabíamos que al volver a Chile en 1981, tras su largo autoexilio, el autor de “Historia personal del boom”, publicó un libro de poemas –el único- casi todos ellos escritos en España, con el título de “Poemas de un novelista”, que ahora edita entre nosotros Bartleby. Conocí bastante a Donoso, sobre todo mientras vivió en Madrid. Algunas noches salíamos a tomar un “Negroni” (un cóctel que él me descubrió) y charlábamos y reíamos. No era difícil adivinar en Donoso –felizmente casado con su mujer Pilar, que la sobrevivió muy poco- un ocasional y turbador lado gay, como se podía entrever en el hombre jubiloso y risueño a un hombre de abismos, con alguna carga de tormento. Por eso en el prólogo a su libro de poemas habla de un “refugio a las monstruosidades de la prosa”, porque en efecto, en sus obras mayores Donoso trabaja la prosa y la profundiza hacia un subsuelo brillante de hulla y escorias ferruginosas; por eso entiende la poesía –ocasional- como un descanso donde intenta simplemente hallarse con la realidad y consigo mismo, sin caer en un mero realismo lato. Por ejemplo en la primera sección “Diario de un invierno en Calaceite.(1971-72)” hallamos el cierzo y el caserón frío del oscuro pueblo de Teruel donde a Donoso le gustaba escribir, pero sentimos también una indagación en el propio realismo y un toque de calidad más que indudable: “¿Y el placer?” (…) ¿Hundir mi llanto injustificable/ en la noche de tu hombro mojado/de cama y pelo,/ acogiendo aunque no comparta, consolando aunque no entienda?”. “Es la noche intemporal de los pueblos viejos”. Son muy bellos también los poemas de “Madrid 1979” y los “Retratos” escritos poco antes en Sitges y que comienzan por el de una bisabuela que no conoció y cuya imagen se está lentamente borrando de la fotografía. No adivinaríamos (sin saberlo) que son los poemas de un reputado prosista, porque la poesía –sencilla y honda- salta por todos los lados. Hay poeta, y nada desdeñable. Donoso estuvo siempre en las primeras filas del “boom” pero no en la primera absoluta. Y creo que esa sensación fue uno de los movimientos íntimos que le llevó a regresar a Chile. Aquí era un principal pero no el primero, en el Chile de 1981 iba a ser el primero sin duda. Aunque no quite la nostalgia que vivía en él por un país (que era el propio) abandonado casi quince años antes, y antes también del golpe de Pinochet, por cierto. Herido por las venas sutiles del dolor y de la depresión después (leamos “El lugar sin límites”) pero también por el buen humor y el amor a la vida, es claro que José Donoso estaba lleno de cualidades y categorías poéticas. En la novela le daban miedo, pero en ciertos momentos (que aparentemente no volvió a repetir) se dejó ir por el mero poema, sin olvidar ni su talento ni su cultura. Había leído mucho a Neruda y a Lorca de joven. Ya no eran su mundo. Pensaba más en Sylvia Plath, en Wallace Stevens o en Constantino Cavafis, tan distintos. Se dio cuenta de que también la poesía es un lugar sin límites, pero ahora no desolador, sino salvífico, incluso en las negruras.
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