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RECUERDO CORDIAL DE MARIO BENEDETTI

Conocí al uruguayo Mario Benedetti (1920-2009) muy pronto respecto a su fama española que, después crecería mucho. Hace unos días (el 14 de septiembre) de haber vivido hubiese cumplido cien años. Pero murió hace bastante en Montevideo, de asma -la tuvo crónica- y ya con la cabeza un tanto perdida.  De hecho, para él el golpe casi final fue la muerte en 2006 de su compañera Luz López Alegre, veinte años más joven que él, con quien siempre se sintió muy unido. Cuando conocí a Mario (en un jurado que organizaba Chus Visor, en Marbella, para un premio Rey Juan Carlos, idea de José María Amado) Benedetti estaba exilado por la dictadura de su país, que incluso le había privado de su nacionalidad. Mario tenía -era 1984- pasaporte italiano, pero él hubiera querido pasaporte español. Me dijo: pero no me lo han dado porque tengo tres abuelos italianos y sólo uno español. Mario era (en su país) de la generación de Juan Carlos Onetti o de la poeta Idea Vilariño, con quienes tiene poco que ver…

Comunista real (aunque no le gustó ir a la zafra en Cuba, y renunció a vivir en ese país) no parecía un hombre nada dogmático, y yo lo vi siempre muy tolerante, aunque hay quienes dicen que -sobre todo de joven- a veces no lo fue tanto. Sólo sé que como tantos comunistas -y eso es raro- jamás quiso vivir en un país comunista de facto. Conmigo fue siempre atento y cordial y aunque nos considerábamos de izquierdas, el tan desprestigiado comunismo, no se mencionó nunca. Me regaló uno de sus poemas manuscrito. Periodista, ensayista, dramaturgo ocasional, novelista y sobre todo poeta, Benedetti llegó a ser enormemente popular en todo el orbe hispánico. Precisamente creo que ahora está pasando ese “purgatorio”, tan habitual a las grandes famas, aunque él la llevara con mucha modestia. Solía ser muy querido, aunque otros no lo consideraban tan notable escritor (acaso por su enorme y fecunda obra) o por ese supuesto radicalismo político, que yo nunca le vi.  Sus poemas fueron cantados por Daniel Viglietti, muy bien por la argentina Nacha Guevara, y por nuestro Serrat en un disco titulado “El sur también existe”.

Su primer libro (de poemas) fue “La víspera indeleble” de 1945. Su primera novela “La tregua” de 1960. Entre una obra, como vengo de decir, enorme, puedo citar muy al azar los tomos de su “Inventario”, al fin su poesía casi completa, y libros como “Letras de emergencia” (1973), “El olvido está lleno de memoria” (1996) y creo que acaso su libro último -de 2006- “Testigo de uno mismo”. Mario, fácil pero exigente, era cordial y de muy buena charla, sólo en sus últimos tiempos, cuando huía del frío por el asma, se lo percibía cansado. Vivía entre España y Uruguay salvo en los últimos años, en que ya no salió de Montevideo. Su poesía demuestra la calidad de lo directo y fácil, y el hacer amplio de un poeta que se abría a muchas formas pero que siempre deseaba palpar el corazón humano, lo vivo, lo más necesitado, lo más frágil. “Cada vez que estoy solo me desarmo/ busco amparo en la lluvia y me lo presta/ las gotas limpias de melancolía/vienen sin el baldón de la miseria (…) por supuesto también es la nostalgia/de bocas que besamos y nos besan”  Es bueno recordar al noble Mario, aunque esté en esa racha de pequeño olvido, limpiador y pasajero…


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