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Recordando a Jean Cocteau

Cocteau es, de alguna manera, más que un mito del siglo XX, acaso la propia encarnación de ese siglo, con todo lo que tuvo de confuso, de plural, de nuevo, de arrepentido, de atrevido y aún de contradictorio. Jean Cocteau (1889-1963), hijo de una familia de la gran burguesía, nació cerca de París y murió cerca también, en su casa de Milly-la- Fôret, que hoy es un pequeño museo visitable. Murió -avejentado, mal del corazón- apenas horas horas después de que le comunicaran el fallecimiento de su amiga Edith Piaf. Cocteau murió el 11 de octubre, acaba de hacer cincuenta años también, con 74. Fue un chico indisciplinado en los estudios, pero a cambio, dotado de un ágil y gran talento natural que le llevó a ser un aclamado poeta juvenil, todavía de estirpe simbolista, en una etapa (antes de la 1ª Guerra Mundial) que luego quiso olvidar Su etapa de protegido del gran actor de Max. Entonces (entre un par de ellos más) publicó su libro de poemas “Le prince frivole” (1910)

Cocteau haría de todo (verdadero rey de la pirueta) desde la vanguardia al clasicismo, poesía, novela, ensayo, cine y dibujo, fue un extraordinario y personalísimo dibujante. Pero él a todo lo que hacía lo llamaba poesía, así, “poesía-novela”, “poesía-cine” o “poesía didujo”. Aunque hoy es una de sus novelas más raras, publicó “Le Potomack” en 1919 y es uno de sus hitos vanguardistas, junto a la famosa “Parade”, texto de Cocteau, decorados de Picasso y música de Satie.  También es un libro vanguardista los versos de “Le Cap de Bonne Espérance” (1918). En esos años se hace amigo de todos los nuevos, desde Picasso (amistad que durará toda la vida) hasta Apollinaire sin olvidar a clásicos del esnobismo poético, como la condesa Ana de Noailles o el gran Serge de Dhiáguilev.Cocteau nunca ocultó su homosexualidad, pero públicamente (al principio) estaba, muy propio de él, entre el exhibicionismo y cierto disimulo. Fue el descubridor y el amante de Raymond Radiguet, al que fotografió desnudo. El precoz y talentoso Radiguet murió en 1921, tras publicar su segunda novela “El baile del conde de Orgel”. Para el delgado, refinado y elegantísimo Cocteau, con sus soberbiosdedos, fue un golpe brutal que le llevó a fumar opio, costumbre que (pese a sucesivas desintoxicaciones) le duró toda la vida. La primera de esas  desintoxicaciones, luego de la crisis de Radiguet, le llevó a escribir en 1928, “Opio. Diario de una desintoxicación”, con originales dibujos, que se publicó en 1930.  Después del éxito de su primera novela notable, “Thomas l’imposteur” (1923) y cuando se conocía su historia con Radiguet, publica “Le livre blanc” -El libro blanco- una confesión homosex

ual que sale sin nombre, pero en la que todos le reconocen. Sus obras más famosas serán la novela “Les enfants terribles” (1929), más tarde llevada al cine, “La voix humaine”

en teatro (1930) cuando saca su primera película surrealista, “La sang d’un poète” también en 1930. Cuando consideraba o se consideraba cansado del vanguardismo, retornaba al clasicismo, con su famoso “Rappel à l’ordre” (Llamada al orden) o incluso coqueteaba, sólo coqueteo, con su retorno al cristianismo en la “Lettre a Jacques Maritain” de 1926.  Escribiría poemas como “L’Ange Heurtebise” (1926), o “Le Requiem” ya en 1962. Ensayos como “Journal d’un inconnu” (1953),  teatro como “Los padres terribles” (1938) o relatos como “Les deux travestis” (1947) y ensayos como “Le Greco” (1943), además de películas como “La Belle et la Bête” (1946), teatro de gran vuelo como “El águila de dos cabezas” (1946) ambas interpretadas por el actor, muy conocido, quefue más tiempo su amante, Jean Marais (se conserva una importante correspondencia) y siempre dibujos.  En 1955, Cocteau entra en la Academia Francesa y al acto asiste insólitamente Jean Genet, pues Cocteau fue uno de sus descubridores y de quienes le ayudaron a salir de la cárcel. Al fin, con un amante joven y atractivo, Cocteau vive en Milly o viaja a Marbella, incipiente, que ayuda a prestigiar con Ana de Pombo y Edgar Neville. A su último amante, Edouard Dermit (fallecido no hace  mucho) lo hizo heredero universal e hijo adoptivo,

Cocteau fue el cambio, la heterodoxia, el esnobismo, la total libertad  de la vida privada, como él dijo de sí mismo “un mentiroso que siempre dice la verdad”. Quizá era filoconservador en política pero ultraliberal en moral. Pasó sin daño por la ocupación nazide París, aunque escribió el texto para la exposición parisina del gran escultor del régimen, Arno Brecker -gay asimismo- al que acompañó en sus paseos por París. Le gustaban los toros, Picasso, el opio. Góngora y Lorca. Su hispanismo final no fue profundo pero sí vivo. Era un ser lleno de magia, talento y libertad. Hoy no hallamos a nadie parecido. Vaya pues, admirativo, el recuerdo.  


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