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PROSA BUIDA DE MANUEL MACHADO

Como casi todos los escritores españoles (y los poetas no podían ser excepción, junto a Azorín o Baroja o Emilio Carrere) también Manuel Machado ejerció no pocas veces de periodista. En general no quedaba, y a menudo no queda, otro remedio. Pero además estos escritores y muchísimos más, no eran en absoluto malos periodistas, porque sabían tomar el pulso del día, y la prosa solía salirles bella. Encima -y a sus horas- podían prestar un toque de verso o  lirismo, sin abuso ninguno. Manuel

Machado (1874-1947) era ya un poeta famoso -lo fue inicialmente más que su hermano Antonio- cuando en 1918, aún duraba la 1ª Gran Guerra, “El Liberal” de Madrid, le encargó una agenda o un dietario. Manuel escribía una prosa diaria -los temas son muy variados, pero son los que eran- y el periódico los publicaba juntos una  vez por semana, los jueves. Así surgió este “Día por día de mi calendario” (reeditado por Renacimiento) donde podemos leer algo desde el 1 de enero al 31 de diciembre de ese año.  Puede haber algunas monotonías o algunos vacíos mínimos, pero el conjunto es notable y de muy noble escritura.

Desde luego, Manuel era aliadófilo y no germanófilo, y así le duele que en esa tremenda guerra ya agonizante -acabó en noviembre- los alemanes estén a menudo cerca de su querido París, ciudad que llegan a bombardear  -Proust lo contará por su lado- o que esos mismos teutones, con su potente flota de submarinos, hundan de cuando en cuando un buque carguero español (España fue neutral en esa contienda) y que además se permitan hacer escasísimo caso de las notas de protesta de nuestro gobierno. De lejos se habla de la Revolución soviética y del asesinato del depuesto zar. Manuel Machado no sabe aún mucho de esas cosas, pero no las ve buenas. Le alegran las verbenas, los versos, el Madrid que se moderniza mucho y las exposiciones de pintura (desde los impresionistas franceses a Vázquez Díaz) y no puede evitar constatar hechos que -tristemente diría yo- nos siguen resultando familiares: Las crisis de Gobierno casi continuas; conservadores o liberales, muy pocos políticos nuestros parecen dar la talla y resulta patético. Eso no sorprende a nadie. Pero sí sorprenderá saber el éxito enorme de una zarzuela que Machado juzga regular, “La canción del olvido” (popular aún) o el hecho de que-y es 1918- los toros, la tauromaquia, se considere ya en crisis.  España sigue siendo un país pobre pero la neutralidad ha beneficiado algo la economía, y todo el mundo espera modernidad y prosperidad. ¿No seguimos en lo mismo?  A Manuel no le gustan ni las verbenas ni menos los carnavales (que encuentra chabacanos) pero le gusta la alegría y a menudo las varietés, que a su sentir no merecen el título de “género ínfimo”. Es muy castizo, muy nuevo y muy cosmopolita. Quiere una España renovada, pero muy española, mirando a nuestra América.  Quiere que esa España creativa funcione también en cohesión, prosperidad y libertad. Un cuadro estupendo de otro tiempo -poco más de cien años- donde todavía nos reconocemos. ¿Demasiado? Manuel hizo un sencillo libro de periodismo excelente.


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